jueves, 13 de septiembre de 2012

Hablar spanglish es devaluar el español


Para Roberto González-Echeverría, profesor de literaturas hispánicas y comparadas en la Universidad de Yale, la mezcla de español e inglés, lejos de ser inocua, perjudica a los propios hablantes.
El spanglish, la lengua compuesta de español e inglés que salió de la calle y se introdujo en los programas de entrevistas y las campañas de publicidad, plantea un grave peligro a la cultura hispánica y al progreso de los hispanos dentro de la corriente mayoritaria norteamericana.

Aquellos que lo toleran e incluso lo promueven como una mezcla inocua no se dan cuenta de que esta no es una relación basada en la igualdad.

El spanglish es una invasión del español por el inglés.

La triste realidad es que el spanglish es básicamente la lengua de los hispanos pobres, muchos de los cuales son casi analfabetos en cualquiera de los dos idiomas. Incorporan palabras y construcciones inglesas a su habla de todos los días porque carecen del vocabulario y la educación en español para adaptarse a la cambiante cultura que los rodea.

Los hispanos educados que hacen otro tanto tienen una motivación diferente: algunos se avergüenzan de su origen e intentan parecerse al resto usando palabras inglesas y traduciendo directamente las expresiones idiomáticas inglesas. Hacerlo, piensan, es reclamar la calidad de miembro de la corriente mayoritaria. Políticamente, sin embargo, el spanglish es una capitulación; indica marginalización, no liberación.

El spanglish trata al español como si la lengua de Cervantes, Lorca, García Márquez, Borges y Paz no tuviera una esencia y una dignidad propias. No es posible hablar de física o metafísica en spanglish, mientras que el español tiene un vocabulario más que adecuado para ambas disciplinas.

Renunciamiento.

Por la preeminencia del inglés en campos como la tecnología, algunos términos, como "biper" por "beeper", deben ser incorporados al español. ¿Pero por qué entregarse cuando hay palabras y frases españolas perfectamente correctas? Si, como ha ocurrido con muchas de las tendencias de los hispanos norteamericanos, el spanglish hubiera de extenderse a América latina, constituiría la última toma de poder imperialista, la imposición final de un modo de vida que es económicamente dominante pero no culturalmente superior en ningún sentido. América latina es rica en muchos aspectos no medibles con una calculadora.

Sin embargo, me alarmo cada vez que oigo transmisiones de emisoras de televisión con base en los Estados Unidos que se irradian a través de todo el hemisferio. Los pronósticos del tiempo suenan como si fuera español, pero si uno escucha con atención, se trata de un inglés traspuesto, ni siquiera traducido, al español. ¿En Ciudad de México o en San Juan escuchan o se ríen? La misma clase de renunciamientose observa en las compañías norteamericanas que esperan obtener ganancias en el mercado hispano. Me corre un frío por la espalda cuando oigo a un dependiente preguntar "¿Cómo puedo ayudarlo?" (trasposición literal del inglés "How can I help you?"), en lugar del más propio "¿Qué desea?".

Lenguaje incomprensible.

En un vuelo reciente a México, una azafata hispánica leyó un texto que hubiera sido incomprensible para un mexicano, un español o un hispano norteamericano de una región diferente de la suya. Los avisos publicitarios de la televisión en español y de las calles de Nueva York están llenos de desaciertos. Me pregunto si los inmigrantes latinoamericanos recientes pueden siquiera entenderlos.

Supongo que mis colegas medievalistas dirán que sin la contaminación del latín por las lenguas locales no habría existido el español (o el francés o el italiano).

Pero ya no estamos en la Edad Media y es ingenuo pensar que podríamos crear una nueva lengua que fuera funcional y culturalmente rica. La literatura en spanglish sólo puede aspirar a una suerte de ingenio basado en un gesto rebelde, que se agota rápidamente. Los que la practican están condenados a escribir no una literatura de minorías sino una literatura menor.

No me disculpo por mis prejuicios profesionales: creo que la gente debería aprender idiomas bien y que aprender inglés debería ser la primera prioridad para los hispánicos si es que aspiran, como deberían, a ocupar puestos influyentes.

Pero debemos recordar que somos un grupo inmigratorio especial. Mientras la cultura madre de otros grupos étnicos está alejada en la geografía o en el tiempo, la nuestra está muy cerca. La inmigración proveniente de América latina mantiene a nuestra comunidad en un estado de continua renovación. El español es nuestro lazo más fuerte, y es vital que lo preservemos.

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