martes, 25 de septiembre de 2012

Errores comunes en el lenguaje periodístico (adaptado del curso de Alberto Fernández y Pilar Úcura)

A nivel de expresión, vamos muy mal.
Ya no recuerdo a qué se refería aquella secretaria que salió en las noticias de cierta cadena. Fuese lo que fuese, ella lo había consultado «a nivel de jefes». ¿No sería bastante más sencillo y natural decir «se lo he consultado a los jefes»?
Un locutor de radio mencionó que los sombreros de paja son muy molestos cuando hace frío, «a nivel de que entra aire en el sombrero». Verdaderamente, algunos periodistas «locutan» mucho, pero parece que no saben ni hablar.
A nivel personal, a nivel mundial, a nivel general… Cosas así se pueden escuchar casi todos días. Se trata de un galicismo, que proviene de la expresión «au niveau de», y que ahora se ha convertido en un tópico del que incluso algunos correctores ortográficos de ordenador avisan. Como diría mi profesora de francés, «C´est une expression très à la mode», a la que casi nos hemos acostumbrado.
Es correcto decir que nos situamos al nivel de Europa, que tal punto está a nivel del mar, que el nivel de lenguaje de un escrito es culto… siempre que haya distintos niveles que distinguir, pero nunca lo es usarlo porque sí.
Como decía la página Avión de papel (ahora desaparecida o trasladada), «la expresión no es correcta, pero tampoco incorrecta», aunque el autor del artículo agregaba: «Deducimos de la omisión del Diccionario de la RAE y del María Moliner que es mejor no usarla, y que su pronunciación obedece más a una falsa acreditación cultural que a un sincero conocimiento de la lengua». En el Libro de estilo de El País podemos leer que se trata de una expresión que suele ser mal empleada, puesto que implica un concepto de altura («a nivel del mar», «no ha llegado al nivel de otras veces»). Es incorrecta cuando se usa para extensiones o similares: «está prohibido a nivel estatal», «hay que hacerlo a nivel de prueba». En el Museo de los horrores del Centro Virtual Cervantes nos encontramos con que «el sustantivo “nivel” significa “altura”, “grado”, “categoría”, “situación”. No debe utilizarse “a nivel de” sin que aluda a esos significados». También se nos proponen ejemplos correctos:
Yo no puedo ponerme al nivel de ese jugador.
A nivel del mar.
A nivel de la superficie terrestre, hay anticiclón.
Ya estamos a nivel europeo.
A nivel de dirección.
A nivel técnico.
A nivel de presencia.
A nivel de influencia.
La corrida falló a nivel de picadores.
Huelga a nivel de ferroviarios.
Incendios a nivel de librerías.
Lo que está claro es que la expresión «a nivel» puede sustituirse por otras (a nivel personal: personalmente; a nivel mundial: en el mundo; a nivel general: en general; a nivel de Estado: a escala o en el ámbito estatal; a nivel de ministros: entre ministros…), y suena bastante más idiomático.

En base al lenguaje, todavía peor.
Muchísima gente utiliza la expresión “en base a”. Algunos porque prefieren emplear expresiones rimbombantes (tipo “a nivel de”), que suenan sofisticadas pero se quedan en mera apariencia, y otros porque ya se ha convertido en un hábito. La expresión “en base a” es utilizada por todo tipo de personas, desde catedráticos de Derecho y abogados hasta tertulianos de programas de cotilleo y sucesos, pasando por periodistas serios. Y todos cometen un error al usarla.
La locución “en base a” es una de las peor utilizadas, según un artículo del Museo de los horrores. Otra fuente la califica de «horrible latiguillo y barbarismo de políticos y abogados». El corrector de Word nos indica que la expresión se ha convertido en un tópico.
Aquí van algunas construcciones que se pueden usar en su lugar:
• A partir de.
• Basándose / basándonos / basado en.
• Sobre la base de.
• Tomando como base.
• En relación con.
• Según.
• De acuerdo con.
• Con.
La opción que se emplee dependerá del contexto. Lo que nos queda claro es que hay muchas soluciones para el problema, y que un poco de reflexión antes de hablar no nos vendría mal.

Hacerme la receta, que os va a gustad.
¿Qué ha pasado con el modo imperativo? Muchísima gente emplea el infinitivo en su lugar. Cierto cocinero, muy famoso por su programa de televisión, cuando la receta es adecuada por su fácil preparación suele decirnos: «¡Hacerme este plato!», «¡Hacerme esta receta!», «¡Aprender a hacer esto!». Otro cocinero, mediante el infinitivo, nos anima a que le acompañemos a buscar especias, o a ver cómo nos ofrece trucos sobre alimentos. «¡Seguirme!», nos dice. Y nosotros asumimos que nos pide hacerlo. También podemos encontrar presentadores que, mediante un «fijaros», nos invitan a observar algo que están realizando.
El infinitivo, según la RAE, es la forma no personal del verbo, que en español lleva las terminaciones –ar, –er, –ir; en español y otras lenguas identifica o da nombre al verbo. La RAE define el modo imperativo como el que manifiesta desinencias exclusivas para denotar mandato, exhortación, ruego o disuasión.
La forma del imperativo en segunda persona del plural suele terminar en –d: haced, ved, frotad, comed, volved, salid. Si el imperativo va seguido del pronombre para el plural se produce la caída de la –d– intervocálica, como en largaos, veníos, traeos, gustaos, fijaos. Pero existe la excepción del verbo ir: idos.
Por tanto, si lo que queremos es pedir a la gente que haga algo, debemos utilizar el modo imperativo en lugar del infinitivo, y así podremos decir que hablamos un poco mejor a la vez que continuamos siendo corteses.

Yo soy músico: juego el violín.
Ahora se juegan los papeles como quien juega a las canicas. Aunque ya viene de largo, el periodismo ha jugado un papel muy importante en la transmisión de esta expresión, más calcada imposible (bueno, sí, es posible calcarla más: jugar un rol).
En inglés y en francés, los verbos “to play” y “jouer” tienen los significados de “jugar”, “actuar” o “representar” y “tocar [un instrumento]”. Nosotros nunca habíamos “jugado” papeles antes, los “representábamos”, sobre todo en el teatro. Por tanto, si escogemos calcar las expresiones “to play a role” o “jouer un rôle”, también deberíamos poder decir en español “jugar un instrumento”.
«El ocio “juega” un papel importante en la vida de mi familia: mi hermana “juega” actualmente el papel de Julieta en la obra del cole, mi hermano “juega” el violonchelo y yo “juego” a las canicas». ¿Se imaginan a un niño diciendo esta frase? No, ¿verdad? Entonces, intentemos hablar español (o castellano, como se quiera), y dejemos de importar expresiones y locuciones extranjeras que desplacen a las utilizadas en nuestro idioma.
La sugerencia: “desempeñar”, “representar [un papel, una función]”, o incluso algo tan sencillo como “tener [un papel]”.

Hago deporte, luego soy duda.
«Fulanito es duda para el partido del sábado». Todos comprendemos el significado, pero ¿no piensan ustedes que la expresión “ser duda” aplicada a una persona no tiene mucho sentido? Si decimos que “se pone en duda” la asistencia de tal jugador a un partido, ya no sonamos “sofisticados”, ahora los jugadores tienen que “ser” duda, luego tal vez no existan. En cierto programa de televisión se mofaban de esta expresión; yo no quiero entrar en calificativos, pero tengo que decir que soy de la misma opinión.

Periodistas a eliminar.
«Lleva una camisa “a rayas” que le regalé por su cumpleaños». Esta frase, que cualquiera podría haber dicho, contiene un gran calco sintáctico que hemos importado del francés. Se trata de la preposición “a”. Las faldas “a cuadros”, las cocinas “a gas”, etc. son galicismos, por lo que pueden y deben evitarse a la hora de hablar correctamente. Debería utilizarse la preposición “de”; camisa “de rayas”, falda “de cuadros”, cocina “de gas” (algunas construcciones se han empleado tanto que se encuentran ya admitidas, como es el caso de “avión a reacción” y “olla a presión”).
Siguiendo con las preposiciones: «El enemigo “a batir” somos nosotros», decía una cita usada como titular que nos regalaba hace un tiempo un diario deportivo muy vendido. Seguro que han oído ustedes muchas veces hablar de “modelos” o “ejemplos a seguir”. Un anuncio de coches nos habla hasta de «mitos “a seguir”». ¿Tanto nos gustan el francés y el inglés? Es mejor que dirija esta pregunta a los periodistas, que son quienes siembran la fértil lengua española con semillas extranjeras. Se abusa de la preposición “a”: temas “a tratar”, pasos “a seguir”… Dentro de poco todos hablaremos de acciones “a realizar”, ejercicios “a completar”, momentos “a recordar” y, así, infinidad de tareas “a hacer”. Imagínense a alguien diciendo «Ésta es una película “a no perderse” por nada». Yo también tengo muchos artículos “a escribir”, pero quiero detenerme en este tema lo suficiente como para que se tomen el tiempo “a reflexionar” sobre la labor “a realizar” por los periodistas. ¿Se han fijado en que incluso hay que usar la voz pasiva en este tipo de expresiones para añadir el sujeto agente? Es verdad que, en lenguaje administrativo, el uso de la preposición “a” más el infinitivo es más que común («cantidad “a pagar”: 50 euros»), e incluso se omite el sustantivo («“a pagar”: 50 euros»), pero eso no justifica su uso: si lo pone en un formulario, ¿lo decimos todos? Si lo dice un periodista, ¿debemos decirlo todos?
¿Por qué hemos sustituido las preposiciones “por”, “para”, “que”, por la calcada y tan manida preposición “a”? Los asuntos “que tratar”, las tareas “que se deben completar” o “que quedan por hacer”, los pasos “que hay que seguir”, los puntos “que hay que tener en cuenta”, se han impregnado gracias a los idiomas extranjeros de un toque “fashion” que los convierte en “periodísticos”. ¡Pero si a veces hasta son redundantes! Si yo veo a una persona como un “modelo a seguir”, ¿dejaré de verla como un “modelo” a secas? Quizá sea una pregunta “a no hacerse”.

¿Quieres involucrarte conmigo?
«¡No quiero que te “involucres” en esto!» Así decía un personaje de una serie de ficción a otro. «Varios coches se han visto “involucrados” en el accidente», relataba un periodista. Es correcto, pero oímos demasiadas veces el verbo “involucrar”. Ya nada está “implicado” o “envuelto”.
«Juan se ha “involucrado” mucho en este negocio». «La traducción “involucra” el trabajo con textos escritos». «Nuestra sociedad valora a aquellos “involucrados” en la producción de bienes y servicios». Salta a la vista que estos ejemplos son frases traducidas que incluyen el verbo “to involve”, el cual muchas veces se traduce directamente por “involucrar” sin pensar en otras traducciones más precisas. Hasta se usa “involucrar” en relaciones personales: «Juan se “involucra” con Ana», «Daniel es quien más se “involucra” en la relación». (Juan “mantiene” una relación con Ana, Daniel es quien “se toma la relación más en serio”).
Si decimos que Juan “ha colaborado” en el negocio, que la traducción “supone”, “implica” o “conlleva” trabajar con textos escritos, que la sociedad valora a los que “intervienen” en la producción de bienes o “se dedican” a ella, estamos siendo más precisos, más idiomáticos, mejores traductores, mejores periodistas. Involucrémonos más en el cuidado del idioma, pongamos más empeño en ello.

Soportamos al cliente desde el día 26 hasta el 30, ambos incluso.
«Su asistente nos negó todo el incidente. “Inclusive” nos dijeron que eso no era posible». Esta frase la pronunció una presentadora hablando de una famosa cantante, y se quedó tan ancha. Probablemente siga hoy sin saber que cometió un error.
Ella, como muchos otros, no sabe que “inclusive” significa ‘incluyendo el último objeto nombrado’: «hay muchísimos para elegir, modelos transparentes “inclusive”», «está abierto hasta el día 30 “inclusive”». Debería haber utilizado “incluso”, un adverbio muy común que, por influencia de hispanohablantes (que no “hispano-parlantes”) de América, está siendo desplazado poco a poco. Convendría mucho visitar la página de Internet de Xosé Castro para consultar su conocido artículo Diez errores típicos en la traducción del inglés: así nos enteraríamos de la diferencia entre “incluso”, “inclusive” e “incluido”, que falta hace tanto a periodistas como a traductores.
Una vez consultado, también podremos advertir que, en castellano, hay gran diferencia de significado entre “ayudar” y “soportar”: Todos esos servicios de “soporte” al cliente, “soportes” técnicos y otros, han llegado a nuestro idioma venidos de Estados Unidos (que no América, pues ese sustantivo propio designa a todo el continente). Aunque con tantas quejas, reclamaciones y demás, quizá es verdad que esos servicios se dedican a “soportar” al cliente, en vez de ayudarle. Gracias a todas aquellas compañías que mantienen servicios de “asistencia técnica” o de “ayuda al cliente”: así no tenemos que soportar abusos al idioma.

A esta jornada de la fecha del día de hoy.
«“A día de hoy” no se sabe si estará presente o no», «Se dijo que se haría pero, “a día de hoy”, nadie ha movido un dedo», «Ha dado una audiencia en “un día de hoy” muy especial»… El francés cuenta con la palabra “aujourd´hui” (/oʒuʀdɥi/), que significa “hoy” y que los periodistas han traducido literalmente por “a día de hoy”. También se puede oír decir “a fecha de hoy”, pero creo que está menos extendido. Carreter afirma que se puede decir “hoy” o “hasta hoy”, y así nos dejamos de “bobaditas” (podemos decir perfectamente «“aún hoy” / “hasta el momento” no se sabe si estará presente o no», «Se dijo que se haría, pero “hasta hoy” nadie ha movido un dedo», «Ha dado una rueda de prensa “hoy”, en un día muy especial»).
Hemos llegado a tal exageración que hasta se dice “en la tarde del día de hoy”, “durante la mañana del día de hoy”, cuando es bastante más recomendable decir “esta tarde” o “durante esta mañana”. Ya sólo nos queda decir “a mediodía del día de hoy”, y supongo que pronto lo escucharemos (probablemente de la boca de un periodista).

El castellano tiene la culpa de conseguir su humillación diaria.
«Mi mujer “tuvo la culpa” de que ganásemos la lotería». Y yo “tengo la suerte” de que me odien, ¿no? Porque, que yo sepa, si alguien tiene culpa, ha hecho algo malo. Pero ahora no, ahora nos debería atormentar el remordimiento cada vez que hacemos a los demás un bien. Ahora la medicina “tiene la culpa” de que vivamos mejor, “gracias” a las armas hay guerras y la educación “tiene la culpa” de nuestra libertad. Por supuesto, las mejoras se “sufren”, y no se “experimentan”.
Además, según algunos periodistas, “conseguir” ya no es ‘lograr lo que se pretende o desea’, sino ‘obtener algo involuntariamente’. Los equipos “consiguen” derrotas, las empresas “consiguen” la bancarrota y uno “consigue” su propia muerte como si la buscase cada día. Si no cuidamos nuestra forma de expresarnos, pronto conseguiremos acabar con nuestro idioma, y echaremos la culpa a otro.

Locutando, que es gerundio.
El día en que me presenté por segunda vez al examen de conducir práctico no pude evitar escuchar una conversación entre dos estudiantes de periodismo. «Me han dicho que tengo voz para “locutar”», afirmó el chico. No pude evitar sonreír. Lázaro Carreter nos avisó de que ya se había introducido este verbo en el lenguaje periodístico, y yo tuve la oportunidad de comprobarlo. Por supuesto, después hice mis averiguaciones, y vi que tenía su origen en El Salvador. Pero estos aspirantes a periodistas eran cien por cien españoles, por lo que no cabe disculpa alguna. Pues eso, que “locuten” por muchos años, «y que los cantautores “cantauten”», que diría Carreter.
En una nota de prensa de la página de Internet de un conocido antivirus leo que un fichero crea en cierto directorio «un archivo “conteniendo” el código del virus». Y se han quedado tan a gusto plantando ese gerundio de influencia inglesa/francesa. Por cierto, en la misma página se pueden encontrar “soportes” técnicos, factores “a tener en cuenta”, estrategias de protección “a nivel de” firewall, y otras lindezas por el estilo. En cuanto al gerundio, imagínense que oyen a un profesor decir que ha mandado a sus alumnos leer un libro “contando” la historia de los Borgia. ¿Quiere decir el profesor que, mientras contaba la historia, les mandó leer un libro? ¿Tal vez quería decir que los alumnos debían leer un libro mientras ellos mismos contaban la historia? Y si, en vez de tener los alumnos que hacer un ímprobo esfuerzo mientras leen, lo que se quiere decir es que el libro cuenta la historia de los Borgia, ¿por qué no usar un relativo? Si se crea un archivo “que contiene” el código del virus, si el profesor manda leer un libro “que cuenta” la historia, se comprende mejor el sentido de la frase y se habla con algo más de corrección.
Respecto a los gerundios, aquí van unos magníficos ejemplos del abuso que se hace de ellos:
«Se ha producido una explosión, “resultando” heridas tal número de personas»; «La página es muy completa, “siendo” muy fácil navegar por ella». Estos gerundios se pueden sustituir perfectamente por una oración coordinada copulativa, con nexo “y”: «Se ha producido una explosión, “y han resultado” heridas tal número de personas»; «La página es muy completa, “y resulta” muy fácil navegar por ella». Otro ejemplo de mal uso del gerundio: «La mejor forma de superarlo es “enfrentándote” a ello». Aquí se debería usar el infinitivo en vez del gerundio, y decir “es enfrentarte a ello”.

Que viva Miami... Digo, Colombia.
Cierta cantante colombiana contó a todos sus admiradores en una entrevista que ella “rentó” una casa en las Bahamas. En otro momento afirmó: «Es muy distinto “ordenar” una pizza en inglés o hablar con mi “manager” que hablar de tus sentimientos más profundos». También nos dijo: «Uno “se influencia” de todo lo que ve y todo lo que oye». A mí siempre me habían dicho que en Colombia se hablaba muy bien el castellano, y me pareció extraño encontrarme con tantos atropellos a la lengua. Luego reflexioné. ¡Pero si esta mujer vive en Miami! Además, tiene que hablar casi todos los días en inglés con alguien. Pues no me extraña que “se influencie” de todo lo que oye. Ella “renta” casas en vez de alquilarlas (to rent), “ordena” pizzas como quien ordena unos papeles en la mesa, en vez de pedirlas (to order) y “se influencia” de su entorno en vez de recibir influencias de él. ¡Y luego pretenden convertirla en adalid y difusora de nuestro idioma! Al final acabaremos todos hablando “espanglish”.

Preparados, listos... ¡a destacar!
«Sólo decir que…» «Y destacar que…» ¿Cuántas veces hemos oído comenzar una frase con un encabezamiento de ese estilo? “Cabe destacar”, “se debe destacar”, “hay que decir”, “me gustaría decir”, “queremos comentar”… Hay tantas formas de iniciar una frase como mensajes queramos transmitir, pero decidimos empezar frase ¡con un infinitivo! A veces incluso nos valemos de la preposición afrancesada: “A destacar la gran actuación de…”, dando a entender de ese modo que por mucho que queramos destacar, no tenemos ni idea de español. Así que la próxima vez que sintamos la tentación de utilizar el infinitivo para comenzar una frase, pensemos en la infinidad de encabezamientos que podemos emplear en su lugar.

Sobre los correctores automáticos.
No son el invento del siglo, es cierto que a veces pueden darnos quebraderos de cabeza y traernos a mal traer, y que, aun funcionando bien, no nos solucionan todos los fallos que cometemos. Pero los correctores automáticos de procesadores de textos nos ayudan muchísimo: cuando nos equivocamos, cuando nos baila una letra o nos la hemos “comido”, el subrayado en rojo nos salva de entregar trabajos o informes con erratas a profesores, jefes, altos cargos… Algunos correctores (o mejor, algunas versiones de correctores) nos informan de que estamos incurriendo en tópicos, como “a nivel de”, “en base a”, “jugar un papel”… y eso, quieran que no, es una gran ventaja respecto a no tener ninguno.
Lo que me gustaría expresar aquí es mi desagrado por que las nuevas versiones de procesadores de textos no incluyan esas detecciones de tópicos, que tanto contribuirían a que cuidemos un poco más el idioma.

Los centavos premios al atropello lingüístico.
Obtener el “decimoprimer” o “decimoprimero” puesto en cualquier prueba no es un buen resultado, y menos aún el “decimosegundo”. No porque quedar undécimo y duodécimo sean unos puestos poco relevantes, sino porque los puestos decimoprimero y decimosegundo simplemente no existen: la Real Academia Española no acepta el uso de esos términos, que se han creado en analogía con decimotercero y sucesivos. Es verdad que cuando llegamos a la veintena normalmente hablamos de “vigesimoprimero” (o “vigésimo primero”) y “vigesimosegundo” (o “vigésimo segundo”), y tal es una de las razones por las que asimilamos que con los puestos 11 y 12 debemos hacer lo mismo, aunque cometamos un error. Pero lo peor es emplear el determinante numeral partitivo al hablar de posiciones y puestos: «el onceavo lugar fue para…» El partitivo designa lo que su nombre indica: una parte o porción de un total, por lo que nunca debe utilizarse para hablar de lugares o puestos. Porque, imagínense: si ahora el puesto vigésimo es el puesto veinteavo, el puesto centésimo… ¿será el centavo?

La guerra se acabaría y yo sería rico mañana.
La de veces que empleamos el condicional para expresar la duda. «Según fuentes, el suceso “habría” ocurrido en tal lugar», «Parece ser que se “estaría” preparando un proyecto de ley». En el Libro de estilo de El País leo: «según esas fuentes, “habrían” muerto 10 personas». En perfecto castellano, esto equivale a decir que no murieron, pues con arreglo a la gramática el potencial en pasado refleja una acción que pudo ocurrir y que finalmente no se realizó. Pongo un ejemplo: «podría haber ido si hubiese tenido tiempo» (como no tuve tiempo, no fui).
Yo ahora mismo podría haberme tomado un flan, o podría haber escuchado una canción, pero no lo he hecho porque me encuentro escribiendo esto. Hay otras expresiones en nuestro idioma que se pueden usar para indicar incertidumbre: puede que, es posible que + subjuntivo; parece que, se piensa que + infinitivo… Es muy frecuente en francés usar el condicional para expresar duda, pero si estamos hablando en español, no hablamos en francés. Eso es algo que los periodistas parecen no entender.

Este curso es muy asequible para todos nosotros: no tiene precio.
La de veces que se oye que algún curso, libro, explicación, es “asequible” para todos. Y dicen bien si a lo que se refieren es al precio. Por supuesto muchos pensarán que “asequible” y “accesible” son sinónimos, pero si echan un vistazo al diccionario de la RAE comprobarán que “accesible” significa de fácil comprensión, inteligible. Por tanto, no se debe confundir un término con otro. Algunos verán que no es lo que afirma su diccionario, si lo que tienen a mano es un María Moliner o un Manuel Seco, y yo añado que el Gran Diccionario Salvat también considera a los dos términos sinónimos. Pero hay que aclarar que se trata de diccionarios de uso, y no normativos, por lo que supongo que también aparecerán las expresiones “a nivel de” y “en base a”. Por tanto, la explicación de un profesor es “accesible” si consigue que nos enteremos de ella de forma fácil, y cierto objeto es “asequible” cuando el precio por el que se vende se puede pagar sin decir «¡qué caro!», cosa que últimamente no es muy común.
Aprovecho también para hablar de lo fácil que es emplear el adjetivo “fácil” cuando lo correcto es utilizar el adverbio “fácilmente”. «Esto lo escribo yo “fácil”», «Verás cómo lo hacemos “fácil” y en un santiamén», «Y el problema se resuelve “fácil”». ¿De verdad opina la gente que suena bien?

La rumorología
Recuerdo las declaraciones de la princesa de Asturias cuando le preguntaban por un posible embarazo en esa época en que aún no se encontraba encinta. Creo que Letizia respondía: «La “rumorología” sobre el embarazo siempre va a estar ahí».
Es normal que utilice esos palabros: ella fue periodista, así que los vicios de lenguaje que ha adquirido durante su trayectoria profesional son difíciles de eliminar.
Hoy contamos con la palabra “chismografía”, cuyo significado es el mismo que atribuyen al neologismo “rumorología”. Ambas palabras se han formado, según Carreter, como voces burlescas «para designar la marea de chismes que empapa a la sociedad en un momento dado». Pero hay una diferencia: “chismografía” está aceptada por la RAE; “rumorología”, no.

Más calcos.
“Por contra” es un galicismo calcado del francés “par contre”, así que debe sustituirse por expresiones como “por el contrario”, “en cambio” o “sin embargo”.
“Por así decir”: de nuevo galicismo (“pour ainsi dire”). Debe utilizarse “por decirlo así”.
“Al completo”: del francés “au complet”, que debe sustituirse por “completo” solamente.
“De acuerdo a”: un calco, en este caso del inglés “according to”. Hay que decir “de acuerdo con”.
“Hacer mención a”: según Manuel Seco, se dice «“hacer mención de”, no “hacer mención a”, como escriben y dicen muchos periodistas».
“La deriva”: se dice ahora que «no se sabe la “deriva”» de tal o cual acontecimiento, o que «parece que ha tomado una “deriva” diferente a la esperada»; pues es otro galicismo, del francés “dérive”, y que no debería sustituir a nuestro “rumbo” (el rumbo que toman los acontecimientos, no la deriva). Sí es correcto decir que algo va “a la deriva”, es decir, que no tiene rumbo fijo, como nuestro uso del castellano.

Errores varios.
Aquí voy a comentar algunos errores comunes que se cometen muy a menudo:
Incautar: “incautarse” es un verbo pronominal, y no se puede decir nunca que alguien incauta algo. Por ejemplo, la policía no incauta 200 kilos de droga en una operación, la policía se incauta de 200 kilos de droga. Como bien explica el Libro de estilo de El País, «gramaticalmente, el verbo “incautarse” se emplea como “apropiarse” (alguien se apropia de algo)».
En loor de multitudes: la expresión correcta es “en olor de multitudes” (‘con la admiración y la aclamación de muchas personas, en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente’), frase hecha formada por analogía de otra que todos aceptamos como correcta sin ningún problema: “en olor de santidad”, que se utiliza para indicar buena fama o reputación. Pero mientras nadie dice en “en loor de santidad”, al hablante sí que le parece que “olor” en la expresión “en olor de multitudes” es un gazapo; por eso se busca otra palabra, esta vez más culta (hipercorrección), con una identidad fónica similar, “loor”, cuyo significado (‘elogio’, ‘alabanza’) parece alejarse de un uso que en principio sorprende a muchos. Como bien explica el Diccionario panhispánico de dudas, «la construcción “en loor de” (‘en alabanza de’) es frecuente y correcta, pero va seguida siempre del sustantivo que expresa la persona o cosa a la que va dirigida la alabanza, no del sustantivo que expresa quién la realiza, por ejemplo: “Hablaban en loor del difunto”».
Delante mío, detrás tuyo, encima suyo: a veces hasta se dice “delante suya”, “detrás nuestra”. Este es un error considerado vulgarismo. Se trata de la utilización errónea del pronombre posesivo en una construcción que denota ubicación. Hay que decir “delante de mí”, “encima de él”, “cerca / lejos de nosotros”, “detrás de ti”… Tampoco se debe decir “en contra nuestra”, “a favor tuyo”, sino “en contra de nosotros”, “a favor de ti”. Por cierto, el pronombre de segunda persona “ti” nunca se acentúa. Cierta empresa de publicidad en carteles cometió ese gran error en su lema durante mucho tiempo, y supongo que habrá recibido quejas por ese motivo.
A priori: no debe utilizarse este latinismo en sustitución de “en principio” o “de antemano”, puesto que el significado no es el mismo: “a priori” es una locución que significa “independientemente de la experiencia”. Es incorrecto decir «“a priori” se sabe que va a ganar el partido» (siempre puede ser que pierda, no hay seguridad). Sí es correcto decir «“a priori” se sabía que surgirían nuevas variantes del virus» (siempre ocurre, es una norma dictada por la experiencia, este caso no es una excepción). La expresión “de antemano” (por anticipado) es válida para todos los casos.
Valoraciones: «la “valoración” que ha hecho del asunto es positiva», «la crítica ha “valorado” negativamente la ópera prima de este director». Frases de ese estilo se oyen en los medios de comunicación, y constituyen un gran error: siempre que se “valora” algo, se está ofreciendo una opinión positiva, porque “valorar” significa “dar valor a algo”. No se puede “valorar negativamente”, ya que el verbo posee un concepto positivo, y resulta una redundancia valorar las cosas positivamente.
Confrontaciones: “confrontar” no es un sinónimo de “enfrentar”, sino de “contrastar”, “comparar”. “Enfrentar” significa ‘afrontar, hacer frente al enemigo, hacer cara a un peligro’.
Puntual: en el Libro de estilo de El País se nos dice: «Suele hablarse de propuestas o aspectos “puntuales”, en lugar de citar aspectos “concretos”. Esa acepción de “puntual” no es castellana». Y tienen razón porque, en español, “puntual” significa según el DRAE ‘pronto, diligente, exacto en hacer las cosas a su tiempo y sin dilatarlas; indubitable, cierto; conforme, conveniente, adecuado; que llega a un lugar o parte de él a la hora convenida’.
Barajar una hipótesis: «la Policía “baraja la hipótesis” de que pudo haber sido el mismo individuo». Esto no es correcto, aunque se oiga mucho, porque se “barajan” varias hipótesis, nunca una.
Deber de, deber: existe una diferencia importante entre “deber” y “deber de”. El último indica suposición: «“Debe de” ser Juan», mientras que el primero indica obligación: «“Debes” hacerlo para curarte». Por tanto, es incorrecto decir «“debes de” dejar de fumar porque lo dice el médico», y también es incorrecto decir «supongo que “debe” ser Juan quien llama».
Quien, el que: “quien” se utiliza para personas, y “que” para cosas. No debe decirse «es el consejo “quien” debe tomar medidas», hay que decir «es el consejo “el que” debe tomar medidas». Tampoco hay que decir «es Juan “el que” te ha estado llamando todo el rato».
¿Junto o separado? Se escribe “a gusto”, nunca “agusto”: «esto se hace “a gusto” del consumidor», «aquí estamos muy “a gusto”». “Aparte” va junto: «punto y “aparte”», «¿“aparte” de Juan, quién ha venido?» Pero: «Se lo repartieron “a partes” iguales».
Sospechar de: se sospecha de una persona: «“sospecho de” Juan, parece que tiene algo que esconder». Pero se sospecha una cosa: «no “sospechaban” las consecuencias de su acción. ¡Qué ilusos!», «“sospecho” que aquí está pasando algo importante».
Para relacionar: hay dos formas de decirlo: “en relación con” y “con relación a”, pero nunca “en relación a”.
Contra más... contra menos... Se dice “cuanto”, y no “contra”: “cuanto más visito esta tienda, más me gusta”; “cuanto menos estudies, peor te saldrá”.

No hay comentarios: