lunes, 20 de febrero de 2012

La privacidad (Xosé Castro Roig)

 

El español resiste con entereza la aparición de neologismos —unos muy necesarios y otros no— que aparecen cada día debido a la gran demanda de terminología nueva que requieren las nuevas disciplinas y ciencias, cada vez más vulgarizadas. Desgraciadamente, por el mismo conducto llegan palabras innecesarias auspiciadas a veces por profesionales del idioma poco celosos.
Esta se ha ido colando por los intersticios que ciertos flancos de nuestro idioma dejan expuestos a otras lenguas; al inglés en este caso. No necesitábamos —y no necesitamos— la palabra “privacidad” para definir lo que en español se conoce como “intimidad” en unos casos, o como “confidencialidad” en otros. No existe tal vocablo en nuestro idioma.
En cierta ocasión me hospedé en un hotel neoyorquino perteneciente a una famosa cadena internacional. En el cartelito que colgaba de la puerta de mi cuarto podía leerse «Privacy, please» y, a continuación, «Privacidad, por favor». Una versión en espanglish del tradicional “no molestar”.
Del mismo modo, se oye hablar del «derecho a la “privacidad” de los personajes públicos» o de «los problemas de “privacidad” del correo electrónico» cuando quieren referirse al derecho a la “intimidad” o a los problemas de “confidencialidad”. No es raro encontrar variaciones más peculiares de aquella palabra (como “privacía”) más injustificables, si cabe.

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