domingo, 5 de febrero de 2012

El rapto de las palabrinas (Xosé Castro Roig)

 

He aquí un delito frecuente y nada castigado.
Consiste en raptar palabras nobles e inocentes ellas, llevarlas, ponerlas bajo un foco y despojarlas de sus vestiduras, tirarlas repetidas veces contra un muro hasta deformarlas, usarlas como arma arrojadiza y pasarlas de mano en mano; por último, una vez maznadas, se las vuelve a vestir y se las libera sin mediar rescate para que vuelvan al mundo léxico libre y sigan gozando de la vida dichosa que antes de ser raptadas tenían. En estos raptos intervienen políticos, personajes anglófilos, redactores…; el que no haya raptado nunca una palabra, que tire el primer pronombre.
Lo malo es que, tras el rapto, su mundo ha cambiado tanto que ellas no reconocen su entorno ni su entorno las reconoce a ellas. Vamos, que no las reconoce ni la madre que las parió…
Hace poco, la hija de un amigo mío, que tiene doce años, volvió del colegio con sus deberes: tenía que construir frases empleando varios términos correctamente. Uno de ellos era el adjetivo “ecológico”, así que escribió la frase: Aprobar un examen es “ecológico”. Su padre le preguntó: «¿Pero qué significa para ti “ecológico”?», «Pues ‘que es “guay”’, ‘que está bien’, ¿no?», respondió ella. Sin comentarios.
El adjetivo “radical” no significaba, por raro que parezca al lector, ‘terrorista malo malísimo que atenta contra todo y contra todos’. Muy al contrario, era —y sigue siendo para los que respetamos las palabras— el ‘partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático’.
El “evento” era sinónimo de “eventualidad”, es decir, era un ‘hecho imprevisto, incierto’. Ahora hay muchos “eventos deportivos”, que deberían ser partidos de fútbol organizados en el momento y sin previo aviso. También hay “eventos culturales” y aun “políticos”, que también deberían ser actos surgidos de repente, gracias a la inventiva de transeúntes o viandantes. Pero no, parece que todos son actos o acontecimientos, bien preparados y pergeñados de antemano.
Y “soportar”, ese término que se cacarea de continuo en contextos informáticos, no era más que algo que servía de apoyo o sostén, pero ahora parece que significa ‘ayudar’, hasta el punto de que algunas empresas informáticas de renombre, en lugar de “atender al cliente”, lo “soportan”. Cousas veredes…, que dicen por mi tierra.

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