viernes, 4 de noviembre de 2011

Correo electrónico (Xosé Castro Roig)



Uno de los temas de discusión más habituales desde hace años es la manera de traducir abreviadamente el término inglés e-mail. Incurrimos, como en otras ocasiones, en el error de tomar otro idioma como unidad de medida válida para el nuestro, un camino que no lleva más que a la desesperación y a cometer atropellos lingüísticos.
La mayoría de las propuestas que se hacen suelen ser confusas, incorrectas o impropias, pues acostumbran a conculcar las costumbres de formación de neologismos o abreviaturas de nuestro idioma: correo-e, c-elec, c. elec., correl, c. e., etc. Son propuestas que, en general, no acaban de desnudarse de sus vestiduras inglesas, como el lector sabrá apreciar.
Las abreviaturas del término correo electrónico correctamente formadas son válidas, pero es que en la mayoría de las ocasiones no haremos referencia al correo sino a la dirección electrónica.
Cuando queremos que alguien nos envíe una carta o una tarjeta postal, le damos nuestra dirección postal y no nuestro correo postal. Del mismo modo, si queremos que alguien nos escriba un mensaje electrónico, le damos nuestra dirección electrónica, y no nuestro correo electrónico.
En mi opinión, debemos aprovechar la ventaja del castellano en este preciso contexto, pues podemos emplear tres términos distintos para cada concepto:
e-mail (dirección): dirección electrónica
e-mail (medio de comunicación): correo electrónico
e-mail (mensaje): mensaje electrónico
Aun así, algunos hablantes confunden el contenido con el continente: escríbeme a mi correo; mándame un correo, etc. Esta construcción se asemeja a otras como te envío una moto (con el sentido de ‘te envío el sobre mediante un mensajero motorizado’).
En cualquier caso, sobre esta cuestión hay una cosa clara: en muchos casos —la mayoría— no hace falta emplear la abreviatura; ni siquiera el nombre del concepto. Casi nunca. En una tarjeta de visita no indicamos dirección postal junto al nombre de nuestra calle; del mismo modo, no tenemos por qué indicar que esa dirección que contiene una arroba es una dirección electrónica, porque resulta obvio para cualquiera que conozca el correo electrónico. Hace años no, pero ahora, sí. Y si se trata de otro contexto, pues acudimos a la norma de creación de abreviaturas: dir. electr., direc. electr., etc., en función del espacio del que dispongamos.
Pero pensemos en español; dejemos de utilizar el inglés como medida. Durante años, gracias a traductores poco responsables y programadores angloparlantes algo perezosos, nos veíamos obligados a traducir y leer documentación y programas ametrallados por los puntos abreviativos. Nuestro idioma tiene una extensión distinta y eso debemos asumirlo los hablantes y los traductores, y preverlo los fabricantes que deseen comercializar sus productos traducidos.
¿Alguien puede decirme si no entiende esta ficticia tarjeta de visita?:
Fulanita de Tal y Cual
Productora
(+96) 456 987
fulanita@zutano.com
http://producciones-fulanita.com
Calle del Busilis, 34
42345 Córdoba (Argentina)
Ni siquiera es necesario indicar que ese número es de teléfono. Se sobreentiende. Tendríamos que distinguirlo si, además, se indicara un fax. Por ejemplo:
Fulanita de Tal y Cual
Productora
Tel. (+96) 456 987
Fax. (+96) 456 888
fulanita@zutano.com
http://producciones-fulanita.com
Calle del Busilis, 34
42345 Córdoba (Argentina)
¿Es necesaria la abreviatura de dirección electrónica en este contexto? ¿Es necesaria la abreviatura de dirección web o página web en este contexto? No.

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