miércoles, 24 de agosto de 2011

Finning


Gerundio heterodoxo formado a partir del sustantivo “fin” /fɪn/ (“aleta”) para designar la loable y bella práctica de capturar tiburones, cercenar sus aletas y devolverlos mutilados al mar para que agonicen lentamente en el fondo del mar desangrados, ahogados o devorados por otros peces, todo por la sencilla razón de que, primero, dichas extremidades se utilizan para elaborar la tradicional sopa china, por lo que pueden alcanzar precios de hasta mil euros (cien por un plato de dicha “exquisitez”), y segundo, que de esta manera las bodegas de los barcos tienen más espacio para acumular más cantidad de aletas (si no, sería imposible alcanzar los 150 millones de tiburones capturados cada año con este propósito).
No sé qué será más ruin y barato, el precio de la vida de un tiburón según estos salvajes, o bien sus propias vidas, miserables, insignificantes y carentes de toda razón y sentido, condenadas a la estulticia y a la maldición, no solo por su brutalidad y crueldad, sino también por impedir el procesado y aprovechamiento del resto del tiburón en la costa (con la consiguiente amenaza para el desarrollo alimentario y socioeconómico de zonas costeras de muchos países pobres) y por las peligrosas e imprevisibles consecuencias que la eliminación de un gran número de depredadores del último escalón de la cadena trófica puede tener en el equilibrio de gran cantidad de ecosistemas (por lo tanto, también sobre otras especies de interés comercial).

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