jueves, 7 de julio de 2011

Gay


Hace unos días, una compañera de trabajo me recriminó el uso de la palabra “negro” para referirme a la raza de otra persona, indicándome que sería más apropiado el uso del eufemismo “de color” o “afroamericano”. ¿De qué color? ¿Es que no somos todos de algún color? Es más, ¿no es el negro es la ausencia de color? Luego el término “de color” sería apropiado para cualquier raza, menos para la negra (si bien es cierto que no son realmente negros, pero así se les ha venido denominando históricamente). ¿Afroamericano? (O, aún peor, mezclando churras con merinas, ¿“subsahariano afroamericano”?) ¿Es que todos los negros provienen de África o viven en América? ¿Y por qué debemos andar con rodeos para referirnos a los negros? Mi más sincera opinión es que quien lo cree apropiado es porque opina que ser negro es algo malo, y por ende evita a toda costa pronunciar dicha palabra, sobre todo en presencia de los afectados por esa, en opinión del hablante del eufemismo, desdicha. Desconfíen de quienes nieguen ser racistas pero eviten llamar a las cosas por su nombre.


Lo mismo ocurre, con consecuencias más absurdas si cabe, en el caso de la palabra “homosexual”. Muchas personas evitan su uso, por considerarlo denigrante, y lo sustituyen por el anglicismo “gay” (pronunciado /geɪ/ por unos y /ɡaɪ/ por otros, causando confusión con la palabra inglesa “guy” —“tipo”, “tío”— que atiende a esta última fonética), que también he visto escrito “guei” y “gaimás de una vez. Lo curioso, y el momento en que el uso de este anglicismo (si bien con raíz latina: “gaudium” —“gozo”, “gozoso”—) se vuelve más esperpéntico, es que se utilice la redundante denominación “Asociación de Gays y Lesbianas” para referirse a un grupo de personas homosexuales (o “gays”). La palabra “homosexual” (cuyo prefijo “homo” viene del griego “ὁμο” —“semejante” o “igual”— y no del latín “homo, -ĭnis” —“hombre”—) agrupa tanto a hombres como a mujeres, es decir, que las lesbianas también son “gays” (mujeres homosexuales), luego no se entiende el porqué de la repetición “gays y lesbianas”. También he oído la denominación “Asociación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB)”, que ha dado lugar a la expresión LGTBfobia; sigo con el argumento de que la “L” y la “G” podrían resumirse en una sola (preferiblemente ninguna de ellas, sino la “H” de “homosexual”, por esa manía que tengo de utilizar el castellano), y me pregunto si realmente es necesario intentar pergeñar un término que agrupe a las tres fobias diferentes (a los homosexuales, a los transexuales y a los bisexuales), e incluso a los tres colectivos diferentes (también he oído la expresión “persona LGTB”); en todo caso, no me convencen ni el anglicismo homofobia ni la estrambótica “LGTBfobia”.
Para rizar el rizo, al acrónimo LGTB se le añade en algunos la i de “intersexual” (‘que muestra, en grados variables, caracteres sexuales de ambos sexos’; no confundir con “bisexual” ‘que alterna las prácticas homosexuales con las heterosexuales’), la cu de “queer” /kwɪə(r)/ (vocablo inglés que significa “homosexual”, pero en sentido peyorativo, por lo que resulta paradójico que sea utilizado por organizaciones que supuestamente defienden sus derechos, pues es como si dijeran “marica”, “mariquita” o “maricón”) y la te de “transgénero” (término totalmente fuera de lugar, puesto que “género” es un concepto gramatical que se aplica a las palabras, mientras que lo apropiado para las personas es referirse al “sexo”). Es decir, que la cosa quedaría más o menos así: “LGTBIQT” y “LGTBIQTfobia”; como para volverse loco (o como contraseña segura).
No sé si se acabará creando una “Asociación de negros y personas de color”, pero seguro que sería en España, que es donde más nos gusta hacer el idiota con el lenguaje.

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