lunes, 20 de diciembre de 2010

Factoring (/ˈfæktərɪŋ/)



Esta es una de esas palabras que parecen inglés pero no lo son, ya que no es un término muy utilizado en los países anglosajones (y no aparece en la mayoría de sus diccionarios, aunque sí en Wikipedia). Lo que sí es más común (en inglés) es el verbo “to factor” (/'fæktə(r)/), referido a las matemáticas (‘resolver un entero o un polinomio en factores’). Y lo que sí que existe (en castellano) es el “contrato de factoraje”, que obliga a alguien (el factor o empresa de factoraje, que suele ser una entidad financiera) a prestar a otra persona o empresa, a cambio de un precio, servicios de contabilidad y cobro de facturas, normalmente asumiendo además el riesgo de insolvencia de los deudores y, en ocasiones, anticipando el importe de dichas facturas. Por supuesto, una entidad financiera solvente le hablará de “factoring”, mientras que, si le hablan de “contrato de factoraje”, probablemente se trate de un chiringuito financiero de la peor calaña.
(Si se fijan en la foto, verán la clara relación entre el uso de estos términos y la degeneración en el uso del kateyano).

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