miércoles, 1 de julio de 2009

Asertividad


La falta de conocimientos de vocabulario castellano, o bien la pereza a la hora de consultar un diccionario, provocan estupideces como esta. En inglés tenemos la palabra “assert” /ə'sɜ:t/ (“afirmar”, “aseverar”, “hacer valer”, “imponer/se”), de la cual derivan otras como “assertion” /ə'sɜ:ʃən/ (“afirmación”, “aseveración”), “assertive” /ə'sɜ:tɪv/ (“firme”, “enérgico”) y “assertiveness” /ə'sɜ:tɪvnɪs/ (“firmeza”), que es la que nos ocupa. Y es que esta vez no se han limitado a inventarse una traducción nueva para la palabra (“asertividad” en vez de “firmeza”), sino que se les ha ocurrido justificar sus desvaríos con definiciones rimbombantes (estrategia o estilo de comunicación consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde –sic– un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad –sic– limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia; es decir, “firmeza”). Incluso hay quien va aún más lejos: una tal María Lluïsa Fabra i Sales ha escrito un libro con el palabro por título, en el cual define el término de nuevo cuño como “la capacidad de autoafirmarse, de expresar lo que sentimos y pensamos, aunque las circunstancias no sean favorables” (es decir, “firmeza”).

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