miércoles, 15 de abril de 2009

Bols y mugs


Manute BOL y MUGGSY Bogues.

Adaptación gráfica de la voz inglesa “bowl” (/bəʊl/), que designa un tipo de recipiente cóncavo, redondo y sin asas. Proviene del inglés antiguo “bolla” (‘cazuela’, ‘taza’, ‘cuenco’), derivado de la raíz protogermánica “bul–” (‘recipiente redondo’), de la que también desciende el latín “bulla”, que dio lugar al castellano “bola”.

En el año 1852 nos llegó este anglicismo como equivalente de “vasija” y quedó recogido por primera vez en el diccionario de la RAE en 1869. Este ejemplar caso de evolución de la lengua (que, como todos sabemos, va a seguir haciendo lo que le de la real gana independientemente de etimologías, sentido común y otras zarandajas) ha provocado que una gran variedad de vocablos españoles, cada uno con sus diferentes matices (“plato sopero”, “palangana”, “barreño”, “fuente”, “ensaladera”, “tazón”, “taza”, “cuenco”, “ponchera”, “jofaina”, “vasija”, “frutero”, “escudilla”, etc.) se hayan reducido a uno solo: “bol”, pronunciación cateta del inglés “bowl”. También hay quien hace el plural como si estuviera hablando inglés (“bols” en vez de “boles”), e incluso quien inexplicablemente utiliza la forma “bols” para el singular, o quien alardea de su exquisita erudición y escribe “boul”.



La idolatría a este palabro llega a tal extremo que reprime las consultas en diccionarios o glosarios; así, en una conocida serie de documentales sobre viajes, nos encontramos con la frase «era un “bol” gigante rodeado de montañas» (que no hay por donde cogerla, pero es que la influencia de este anglicismo hipnotiza a cualquiera), cuando aquí “bowl” («It was a giant “bowl” surrounded by mountains») quiere decir “cuenca geológica”.

Algo parecido, más ridículo aún si cabe, está ocurriendo con el término “mug” (/mʌg/), que algunos se empeñan en utilizar para sustituir a palabras como “taza”, “tazón” o “jarra”, con lo que sólo nos queda el consuelo de recordar que “mug” también significa “idiota” o “bobo”.

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