viernes, 3 de abril de 2009

Beis



Soy consciente de que, como hombre y por ende ser incapaz de distinguir más de diez colores (y mucho menos combinarlos entre sí) estoy a punto de pinchar en hueso y meterme en un jardín del que me será más difícil salir que explicar la diferencia entre rosa y fucsia o blanco y crudo, pero allá voy: bien está que Francia nos parezca un país de lo más fashion, pero de ahí a cambiar nuestro color “castaño claro” por el galicismo “beige” /bɛʒ/ hay una gran diferencia. Digo yo.

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