lunes, 1 de octubre de 2018

Los hoygan, patadas al diccionario que triunfan en la red



La red tiene sus normas y, aunque a uno le duela el alma leer algunas atrocidades y auténticos atentados contra las normas básicas de la ortografía —bastante habituales en Internet, por otro lado—, un grupo de usuarios se erige como defensores a ultranza de estas normas. Este grupo no ha dudado a la hora de bautizar a estas «patadas» al diccionario como los hoygan (sustituto de «oigan») y basta con hacer una simple búsqueda en Google para comprender el alcance del fenómeno. «Hoygan' es la oficialización del analfabetismo, voluntario o no, cada vez más frecuente, que prolifera por la red. Su hábitat natural es lógicamente la web (tanto en foros, comentarios a artículos o mensajes en las redes sociales), pero esta pandemia alcanza ya a todos los estamentos y llega a tocar incluso a políticos e instituciones a los que se les presupone al menos un cierto respeto a las normas dictadas por la Real Academia Española.


No crean que los hoygan son un coto privado de usuarios iletrados de la red, y es que hasta políticos presuntamente de primera línea no pierden ocasión para ponerse en evidencia. Así, en una enmienda presentada en el parlamento vasco por el PNV y Esker [sic] Batua, solicitaban «“Aprovar” ayudas para las “hinundaciones”» en un documento oficial y sellado tanto por la cámara vasca como por el propio Partido Nacionalista Vasco. Pero lamentablemente los deslices de los políticos no acaban ahí y afectan por partes iguales a los grandes partidos nacionales. Así, el equipo de Mariano Rajoy cumplió su cuota en los hoygan al hablar en los subtítulos de un vídeo promocional de «La ciudad que va “ha” organizar los Juegos Olímpicos», error felizmente subsanado en la versión final del vídeo. El gobierno tampoco es ajeno a esta plaga y, en rueda de prensa, al mismísimo Alfredo Pérez Rubalcaba se le escapó el pasado mes de agosto un doloroso “haigan” (queriendo decir, lógicamente, “hayan”) que resonó en los tímpanos de los presentes.


El comercio tampoco iba a ser una excepción y así, en Carrefour regalaban una “targeta” con música por la compra de un iPod, y también nos ofrecían un “paté del campo campestre”, para que quede bien claro, mientras que en México la marca Power Balance vende “pulceras”; y de ese país precisamente nos llega otra perla, esta vez en boca de un particular, que pregunta sobre la gripe “porsina” (saludando, eso sí, con un “ola” por delante para ir avisando de las intenciones). Google tampoco se libra de las garras de los hoygans y nos ofrecen un portátil económico agradeciéndolo “de hantebraso”. Pero posiblemente los mejores momentos nos los brindan las traducciones forzadas al español por gente que a todas luces no lo domina, o eso debe de interpretarse de este mensaje ininteligible (presuntamente en castellano) colocado por la policía metropolitana de Londres. Aunque puestos a hacer imposible la interpretación del castellano, no dejen de leer este cartel colgado en un indeterminado hospital francés donde nos hablan de “danio”, “cojer la tensión” o “tener un infarcto”.


Los hoygan forman parte ya de nuestra vida en la red y hasta Wikipedia les dedicó una sección propia, donde se les describía como un grupo que «tiene un profundo desgano de escribir cumpliendo con las normas ortográficas mínimas» y donde nos dan una pista acerca del origen de estos inconfundibles conciudadanos: muchos vienen de años dejándose las falanges a golpe de SMS, y es que precisamente en los mensajes cortos en el móvil las normas tienden a relajarse. En definitiva, quien más o quien menos ha contactado [sic] alguna vez en su vida con un hoygan.