viernes, 23 de enero de 2015

Multipropiedad


Confusa (quizás a propósito) traducción del término inglés “timesharing” (/ˈtaɪmʃɛərɪŋ/), puesto que se trata de un régimen en el que ni se “compra” ni se “posee” nada. Esta denominación ya ha quedado prohibida en España según la legislación actual y debería sustituirse por la expresión “tiempo compartido”. Incluso la propia definición del DRAE (‘condominio de un inmueble, cuyo disfrute está restringido a períodos determinados’) puede inducir a error, puesto que no se puede “comprar” una vivienda “en multipropiedad”, aunque ésta sea la expresión que se suele usar en estos casos. El diccionario Clave lo define en unos términos más fidedignos: ‘sistema o régimen de utilización de un inmueble por diferentes personas en temporadas diferentes, bajo determinadas condiciones’.
Se trata de un servicio consistente en el derecho de uso, durante un período de tiempo pactado de antemano, de un alojamiento de vacaciones (normalmente integrado en un completo turístico o residencia de vacaciones) o incluso de un automóvil, una embarcación o un avión. En lugar de adquirirse en propiedad, se comparte su uso con otras personas durante una o varias semanas determinadas al año, a lo largo de un número determinado de años (es decir, que al contrario de lo que aseguran algunos vendedores sin escrúpulos, no es una fórmula de inversión). Su duración puede variar desde uno a 50 años (hasta 99 en algunos países) e incluso se puede tener acceso a una bolsa de intercambio internacional donde cambiar el período de estancia por alojamientos en otros lugares del mundo, aunque las condiciones no suelen ser muy ventajosas.
Jurídicamente se sitúa entre la propiedad y el aquiler («derecho de aprovechamiento por turno de bienes inmuebles, especialmente de uso turístico», según la Ley 42/1998, o «contrato de aprovechamiento por turno de bienes de uso turístico, de adquisición de productos vacacionales de larga duración, de reventa y de intercambio», según el Real Decreto-Ley 8/2012), lo cual ha dado lugar a infinidad de estafas, como los casos de Mundo Mágico, Casinomar, Atlantic Club de Marbella, Europlayas… (con sentencias judiciales que tildan al modelo de “turbio”, “opaco” y “fraudulento”) e incluso varias empresas fantasma que, tras atraer a sus víctimas con el típico reclamo de ser beneficiario de un premio (sin ni siquiera haber participado) a las características reuniones-encerrona (agresivas técnicas de venta, prisas y presiones con el pretexto de que la oferta sólo es válida para quienes firmen en el momento, señuelos que firman y son felices y comen perdices…) vendían “timesharing” con contratos falsos en inmuebles inexistentes o propiedad de otras empresas para después desaparecer con el dinero.

No hay comentarios: