viernes, 10 de octubre de 2014

La "peseta" que es "peineta"



Todo parece indicar que a los muchos méritos de Luis Aragonés ha de sumarse ahora el de introducir en la lengua castellana un error que ha acabado por convertirse en costumbre y, por lo tanto, en expresión admitida y usada por el común de los hablantes. El llamado «Sabio de Hortaleza» o también «Zapatones» no sólo consiguió la Eurocopa con la selección española de fútbol, sino que atesora una trayectoria importante como teórico de la literatura y, ahora, como lingüista. En mi Lo que hay que oír, un libro de 1995, ya recogí aquella advertencia memorable suya que tanto iluminó a quienes amamos la lectura: «No es bueno leer demasiado. Yo tenía un amigo que se puso a leer a Kafka, y se volvió maricón».

Pues bien, durante un partido, cuando entrenaba al Atlético de Madrid, el Abuelo levantó el dedo de en medio, cerrando los demás, para mostrar así su desacuerdo con una decisión del árbitro Ansuategui Roca. Al castigarle por ello el Comité de Competición, «Don Luis» teorizó ante los periodistas: «No tiene nada que ver una "peineta", que es lo que yo he hecho, con un corte de mangas. Lo primero es un gesto típico español, y lo segundo, una ofensa».

Yerra un poco Aragonés al considerar «gesto típico español» extender «el dedo impúdico», como lo llamaba San Isidoro, el «digitus infamis», al que se refiere el poeta clásico latino Juvenal. Pero acierta al crear el neologismo peineta y engrandencer así el acervo léxico español. Un fenómeno, el ex entrenador del Real Oviedo: fútbol, literatura, lingüística, nada le es ajeno.

Hacer la peineta no cuenta con tradición escrita en castellano hasta la irrupción del lexicógrafo Aragonés y de los periodistas que lo fijaron en los diarios. Al mostrar el dedo corazón extendido, «se expresa alguna burla infamante», como nos sigue enseñando el santo medieval antes citado.

No hay que confundirlo con hacer una higa, pues, en este caso, se saca la punta del pulgar por entre el índice y el dedo corazón con el fin de ahuyentar algún maleficio o con el de provocar, si se mueve «al mismo tiempo la muñeca hacia la persona a quién se quería enfrentar», como enseña José María Iribarren en su prodigioso El porqué de los dichos.

La acción de Luis Aragonés hacia el colegiado se llamaba en español hacer una peseta no hacer una peineta. Se confundió (vaya usted a saber si por la semejanza entre peseta y peineta), se tomó nota de su confusión, se popularizó y ahora ya todos los medios hablan de la peineta de Aznar.

«Las academias jamás pueden considerarse ni dueñas, ni censoras, ni administradoras de la lengua. Son simplemente organismos de apoyo y de ayuda a ese organismo prodigioso de comunicación cuyos dueños son los hablantes», dice Darío Villanueva, secretario de la Real Academia Española (y presidente del tribunal que juzgó mi tesis de doctorado, que voy a empezar a darme yo autobombo, visto lo que hay), a Andrés Montes en declaraciones para La nueva España.

Algunos hablantes han decidido que se llame hacer la peineta a lo que antes se llamaba hacer la peseta y, si la cosa persiste, dentro de unos años encontraremos en el Diccionario de la RAE lo siguiente: «Hacer la peineta. 1. loc. verb. coloq. Extender hacia alguien el dedo corazón, manteniendo los demás recogidos, como gesto de provocación y menosprecio». Y se añadirá, en los diccionarios de uso, que antes se conocía como hacer la peseta, pero que el fútbol puede con todo. Y se explicará en cualquier lexicón de argot que se acompaña a veces con las locuciones monta aquí y verás París, o monta aquí que te llevo pa Madrí, como recoge Pepe Monteserín.

¿Por qué se decía hacer la peseta? Pongámonos firmes por respeto y leamos al gran cervantista andaluz don Francisco Rodríguez Marín: «Véase una peseta columnaria acuñada en América, de las que valían cinco reales de vellón; repárese la disposición en que están figurados en el reverso y la columna de Gades, y se notará que medianamente semeja la mano en actitud sobredicha». He aquí la explicación del dicho.

«Hacer la peseta es trazar con los dedos un signo fálico», sigue Iribarren instruyéndonos, a semejanza del que parecían mostrar el reverso de las pesetas columnarias. Como ya no hay pesetas, ni columnarias ni de las otras, «lo que no son pesetas son puñetas», así que valga hacer la peineta, si se quiere, por lo que antes era hacer la peseta, valga lo que deseen y usen los hablantes, viva Luis Aragonés y siga viviendo Cartagena.

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