viernes, 29 de agosto de 2014

Otros palabros (XXI): Crecimiento negativo y otros tecnicismos

Una de las pruebas fehacientes de que los políticos y los economistas que los asesoran están convencidos de que el ciudadano medio es imbécil redomado es esta especie de oxímoron eufemístico propio del neolenguaje políticamente correcto que nos vemos obligados a sufrir en la actualidad.


Si preguntáramos a algún miembro de ese gremio, nos diría que el término es «técnicamente correcto» —pese a que en todo caso debería ser “cambio”, “incremento” o, mejor aún, “decremento” (Δ), nunca “crecimiento”—, pero cualquiera con dos dedos de frente se dará cuenta de que el objetivo de esta antífrasis semánticamente incoherente es enmascarar su verdadero significado (“decrecimiento” o “contracción”) para apaciguar al rebaño. Del mismo modo, tampoco existen las “ganancias negativas” o los “beneficios negativos”, sino las “pérdidas” (y, por supuesto, tampoco existe el “crecimiento cero”, sino el “estancamiento”). Y es que estamos hablando de una pseudociencia en la que los “beneficios empresariales” son “excedentes”, pero los beneficios del trabajador son “costes laborales”, algo con lo que nos han machacado tanto que han conseguido incorporarlo a nuestro subconsciente («excedente bueno, coste malo»). Está por ver si se habla de “drecimiento positivo” cuando vuelva el crecimiento; me temo que no.


Hay muchos otros ejemplos de eufemismos que pretenden disfrazar la realidad:
o   “Activos adjudicados” (“inmuebles embargados a deudores desahuciados”).
o   “Actualización de precios” (“subida de tarifas”).
o   “Aterrizaje suave de los precios” (“pinchazo de la burbuja inmobiliaria”).
o   “Auxiliar técnico de clasificación y reparto” (“cartero”).
o   “Bajas civiles” o “daños colaterales” (“muertes”).
o   “Barrio de tipología especial” (“poblado de chabolas”).
o   “Brazo armado” (“grupo terrorista”).
o   “Campechano” (“chabacano”).
o   Catering social” (“comida de beneficencia”).
o   “Cese temporal de la convivencia” (“separación” o “divorcio”).
o   “Concurso de acreedores” (“suspensión de pagos”).
o   “Conflicto laboral” (“huelga”).
o   “Controlador de accesos” (“portero”).
o   “Copago” (“repago”).
o   “Cosméticamente diferente” (“feo”).
o   “Dentición alternativa” (“dentadura postiza”).
o   “Desindexación” (“pérdida de poder adquisitivo”).
o   “Económicamente explotado” o “persona en situación de precariedad” (“pobre”).
o   “Flexibilidad laboral” (“facilidades para el despido”).
o   “Fuerte” (“obeso”).
o   “Gravamen complementario” o “consolidación fiscal” (“subida de impuestos”).
o   “Impacto asimétrico de la crisis” (“siempre pagan los mismos”).
o   “Incursiones aéreas” (“bombardeos”).
o   “Inminente cambio de paradigma profesional” (“despido”).
o   “Institución penitenciaria” (“cárcel”).
o   “Interrupción del embarazo” (“aborto”).
o   “Intervención humanitaria” o “campaña militar” (“guerra colonial”).
o   “Inversión estratégica” (“inversión deficitaria”).
o  “Medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas”, “afloramiento de bases” o “regularización de rentas y activos no declarados” (“amnistía fiscal” o “blanqueo de capitales”).
o   “Mejora del vínculo democrático” (“pucherazo en las elecciones locales”).
o   “Métodos de persuasión” (“torturas”).
o   “Moderación salarial” o “apretarse el cinturón” (“bajada de sueldos”).
o   “Persona bajita” (“enano”).
o “Persona con capacidades diferentes” (“discapacitado”, que ya es en sí un eufemismo —fallido— de “minusválido”).
o   “Procedimiento de ejecución hipotecaria” (“desahucio”).
o   “Racionalización de la red de oficinas”, “ajuste de plantilla” o “expediente de regulación de empleo” (“despidos colectivos”).
o   “Reformas estructurales necesarias” u “optimizaciones” (“recortes”).
o   “Relevar” (“despedir”).
o   “Repliegue táctico” (“retirada”).
o   “Restablecer el orden” (“dispersar a los manifestantes”).
o   “Reto” o “desafío” (“crisis” o “problemas”).
o   “Sección de contactos” (“explotación sexual”).
o   “Servicios de información” (“espionaje”).
o   “Socializar el debate interno” (“discutir”).
o   “Tensiones de tesorería” (“quiebra”).
o   “Titularidad indirecta del Estado” (“nacionalización”).
o   “Usuario” o “cliente” (“paciente” o “enfermo”).
o   “Vehículo de liquidación a largo plazo” o “Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria” (“banco malo”).


Además, la penúltima crisis financiera ha afinado la habilidad de nuestros politicastros a la hora de enmascarar las decisiones impopulares con expresiones edulcoradas (provocando en ocasiones la hilaridad de la prensa internacional, como en el caso de la revista Time y su titular “Tú dices tomate, yo digo rescate” cuando nuestros próceres se empecinaron en negar a toda costa que España hubiera sido rescatada e insistían en llamarlo “línea de crédito”):
o   Artur Mas: “tique moderador sanitario”.
o   Cristóbal Montoro: “novedad tributaria”.
o   Fátima Báñez: “movilidad exterior”.
o   Ignacio González y Javier Fernández Lasquetty: “externalización”.
o  José Luis Rodríguez Zapatero: “desaceleración económica”, “condiciones adversas”, “deterioro del contexto económico”.
o  Luis de Guindos: “préstamo en condiciones extremadamente favorables”, “apoyo financiero”, “deterioro adicional importante”.
o   María Dolores de Cospedal: “indemnización en diferido en forma de simulación”.
o   Mariano Rajoy: “devaluación competitiva de los salarios”.
o   Marina del Corral: “impulso aventurero de la juventud”.
o   Soraya Sáenz de Santamaría: “recargo temporal de solidaridad”.


Estos son los mismos elementos que, fieles a la máxima de que lo que no se nombra no existe (y eso que Rajoy insistió en que llamaría «al pan, pan y al vino, vino»), nos hablan de Educación y Sanidad “gratuitas”, intentando que olvidemos que las pagamos con nuestros impuestos, de los más altos de la UE en proporción a las rentas del trabajo (ya que las rentas del capital poco contribuyen).


Incluso en mi pequeña capital de provincias se pergeñó un imaginativo circunloquio para intentar distraer al lector sobre el gran número de sucursales bancarias que se han cerrado en varias poblaciones: «Las entidades financieras redefinen su presencia en los pueblos pequeños».


Del mismo modo que en 1984 Gran Hermano cambiaba la Historia para tener controlado al pueblo, hoy en día los políticos promocionan el eufemismo para que nuestro vocabulario, en lugar de adecuarse a nuestros intereses, lo haga a los suyos y a los de sus amos de la banca, las corporaciones y otros grupos de interés (propietarios de la gran mayoría de medios de comunicación). Como ya nos advertía Álex Grijelmo allá por 1987, «El problema radica en el peligro de que nuestro propio sistema lingüístico esté manipulado antes de que pronunciemos palabra: en que las expresiones que a un determinado grupo no le convienen las pensemos entre algodones. No sólo que las pronunciemos con suavidad y temor, sino que incluso aniden en nuestro subconsciente previamente edulcoradas. De ese modo, los verdaderos conceptos parecen darnos miedo, y la realidad queda entonces disfrazada y escondida».


El riesgo, también en palabras del presidente de la agencia Efe, estriba en que «Cuando las personas ya se han acostumbrado tanto a esa palabra que lo asocian inmediatamente al concepto que se quería edulcorar, deja de ser un eufemismo y hace falta buscar otro para taparlo.»
Pero no sólo se conforman con el eufemismo barato, sino que hay virtuosos que se atreven con la metáfora facilona, como cuando los economistas se meten a dietistas y nos dicen que «tenemos mucha grasa, debemos hacer dieta y entonces volveremos a estar bien» (intentando convencer al ciudadano de que ha estado “comiendo demasiado” y ahora le toca “adelgazar”, y que esa “dieta”, aunque le duela, es lo mejor que le puede pasar) o utilizan la imagen de la resaca (cargando la culpa en quien la sufre, por haberse “emborrachado”, dando a entender que todo el que lo está pasando mal es porque ha “cometido excesos”).

No hay comentarios: