lunes, 25 de agosto de 2014

Honesto / Honestidad


Según el contexto, puede ser una correcta traducción del inglés “honest” (/ˈɒnɪst/) o un falso amigo. “Honest” puede traducirse por “honesto” en casi todos los casos salvo cuando se refiere a ‘frank, sincere, open and direct’, cuando debe traducirse por “franco”, “claro” o “sincero”. De hecho, la expresión más comúnmente calcada es el típico “to be honest”, que se suele traducir erróneamente por “para ser[te] honesto” en lugar de “a decir verdad”, “para serte sincero” o “lo cierto es que”.
Así, nuestra “honestidad” (“decencia”, “pudor”, “recato”) equivaldría al inglés “modesty” (/ˈmɒdɪstɪ/), mientras que nuestra “honradez” (“integridad”, “probidad”, “rectitud”) equivaldría al inglés “honesty”. La acepción de “honestidad” como sinónimo de “sinceridad” es absolutamente extraña al castellano, lengua en la que con toda naturalidad se puede ser “franco” y, al mismo tiempo, “indecente”, “indecoroso”, “desvergonzado”, “golfo”, “insensato” y “ladrón” (es decir, todo menos “honesto”, pero con absoluta “sinceridad”).
Aunque incluso el DRAE recoje “honesto” y “honrado” como sinónimos desde 1869, se trata de acepciones relativamente recientes, como explicaba D. Fernando Lázaro Carreter en su columna La omnímoda vigencia de la honestidad: «Ahora se califica de “honestos” a quienes antes se calificaba de “honrados”. Definían los académicos dieciochescos “honradez” como ‘Aquel género de pundonor que obliga al hombre de bien a obrar siempre conforme a sus obligaciones, y cumplir la palabra en todo’, y “honestidad” como ‘moderación y pureza contraria al pecado de la lujuria’. Hoy se acabó la distinción, y la “honradez” ha sido prácticamente jubilada: la “honestidad” ha invadido vorazmente su territorio semántico.»
La distinción comenzó a volverse borrosa en la primera mitad del siglo XX, aunque todavía en 1970 D. Salvador de Madariaga nos regalaba una de las definiciones más ingeniosas y claras: «en español, si se me perdona una definición somera y algo cínica, la “honradez” es la conducta limpia de la cintura para arriba, y la “honestidad” lo es de cintura para abajo».
Volvamos a Lázaro Carreter para que nos explique el porqué de tal alteración semántica: «en el plenario influjo del inglés hay que buscar la causa de la confusión». Idea esta de la influencia foránea, ya sea del inglés “honest” o del francés “honnête” (/ɔnɛt/), que también comparten otros eruditos como Torrents del Prats. Lo que está claro es que ni el inglés ni el francés establecieron tan enérgica diferencia entre “honrado” y “honesto” como nuestra lengua, quizá por la obsesión con la honra que caracterizaba a los españoles antiguos.
Hoy en día, la asimilación semántica entre el inglés “honest” y el español “honesto” está consiguiendo reducir drásticamente la frecuencia de uso de la palabra “honrado”.
Etimológicamente, el significado también es confuso. Tanto “honest” como “honesto” vienen del latín “honestus”, una palabra que combinaba los significados actuales de “honrado” y “honesto”: ‘honorable, conforme a la moral, virtuoso’. De hecho, la misma confusión se dio también en el inglés y francés antiguos, en los que “honest” y “honnête” estaban relacionado con el “honor”, “probidad” o “integridad” en el caso de los hombres, o con la “virtud” o la “castidad” en el de las mujeres («Una mujer honesta es un tesoro escondido», sentencia una máxima de Rochefoucauld), significados que fueron quedando paulatinamente obsoletos con la evolución de las costumbres sexuales, y sustituidos por la acepción utilizada hoy en día. Incluso “les honnêtes filles” es un eufemismo antifrásico e irónico en francés para “prostitutas”.

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