viernes, 18 de julio de 2014

Cronut (/ˈkrəʊnʌt/)


Como bien reseña D. Fernando A. Navarro en su imprescindible Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, «en los últimos tiempos, se ha puesto de moda en los Estados Unidos crear piezas híbridas de bollería para las que acuñan nombres supuestamente ingeniosos por contracción; por ejemplo, “crookie” (de “croissant” y “cookie”), “cragel” (de “croissant” y “bagel”), “puffin” (de “pancake” y “muffin”), “duffin” (de “donut” y “muffin”), “wonut” (de “waffle” y “donut”) y “browkie” (de “brownie” y “cookie”)».
La última locura que nos va a llegar importada desde el Soho neoyorquino, creada por el pastelero Dominique Ansel, es este pastel, mitad “cruasán”, mitad “dónut” (o, simplemente, un “cruasán” redondo), frito en aceite, rebozado en azúcar, relleno de crema y glaseado, en lugar del vulgar horneado del obsoleto “cruasán”.
Si los orondos hipsters de la Gran Manzana madrugan para hacer cola durante horas, cual glamurosa Carrie Bradshaw en su Magnolia’s Bakery, y conseguir uno de esos saludables dulces por el módico precio de cinco dólares (o hasta cien en la reventa) para poder publicar la foto en las redes sociales, ¿qué no haremos por aquí para imitar o incluso superar esa fiebre pastelera, plaga de ratones incluida?

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