martes, 6 de mayo de 2014

Otros palabros (VIII): Aperturar


Término utilizado por un comercial de banca desesperado por venderme aire y que casi consigue que “cierrerice” mi cuenta. Si alguna vez en su vida hubiese abierto un diccionario, en una de las primeras páginas habría visto que “apertura” (cultismo surgido a partir de “abertura”) es la ‘acción de abrir’ (aludiendo normalmente al principio de una asamblea o actividad determinada), verbo éste que hace innecesaria la invención de engendros rimbombantes, pretenciosos y malsonantes a partir del sustantivo “apertura”, que no enriquecen el idioma y tan abundantes son dentro de la jerga bancaria y otros campos (“aperturar procedimientos judiciales”, “aperturar fronteras”, “aperturar nuevos negocios a nivel nacional” —y también oficinas, desfiles de moda, festivales, veladas de poesía, jornadas literarias, etc., como equivalente de “inauguración”— e incluso “aperturar regalos” —después de “recepcionarlos”, claro está—), odioso hábito de “ejecutivos agresivos” para intentar sonar más técnicos, impresionar a los legos o crearse un falso sentimiento de exclusividad. Al igual que otros archisílabos como “obstruccionar” o “recepcionar”, se trata de un verbo terminado en –ar y formado a partir de un sustantivo deverbal (derivado de un verbo) que no muestra significados diferentes a los del primer verbo (“abrir”, “obstruir”, “recibir”), sino que se trata de una simple forma alternante innecesaria.
El verbo relacionado con “apertura” es “abrir”, y por eso conviene evitar “aperturar” ya que, como decía D. Fernando Lázaro Carreter: «Aperturado el camino, nada impide que lecturar sustituya a leer, baraturar a abaratar y licenciaturarse a licenciarse». A partir de “aperturar” se podría derivar otro sustantivo, “aperturación”, y de éste otro verbo, “aperturacionar”, y de éste otro sustantivo, “aperturacionación”… Y también podríamos hacer lo mismo con los adverbios (cambiando “abiertamente” por “aperturadamente”) o los adjetivos (“aperturado” en lugar de “abierto”), e incluso refinar aún más el palabro con otros verbos como “aperturizar”, “aberturar” u “oberturar”.
Sirva como ejemplo el artículo de D. José María Romera en Juego de palabras, del suplemento cultural Territorios de El Correo el 25 de octubre de 2006: «Emitía la radio una tertulia entre servidores públicos, uno de los cuales se lamentaba de la actual tendencia a “emocionalizar” la política. Al poco rato, otro contertulio hablaba de “electoralizar” los debates. Una oyente envió entonces a la emisora un mensaje por correo electrónico quejándose amargamente de esos abusos léxicos que le habían sobresaltado tanto cuando estaba “desayunizando” que por poco se le “atragantiza” el cruasán. No le faltaba razón. En principio el sufijo –izar aporta un recurso sencillo y útil para formar verbos de acción a partir de nombres o adjetivos (“idealizar”, “enfatizar”, “armonizar”, “centralizar”). Pero el neoespañol de los medios de comunicación —especialmente los hablados— hace un empleo inmoderado de ese procedimiento derivativo, cosa en la que no le van a la zaga los lenguajes técnicos y científicos. Si un sociólogo llega a decir que los niños “se adultizan”, un médico recomienda que ciertos pacientes sean “ambulatorizados” y una entidad bancaria ofrece ventajas a los clientes que quieran “aperturizar” nuevas cuentas, algo peligroso está ocurriendo en el idioma. ¿Hasta dónde llega lo correcto, hasta dónde lo lícito o lo razonable? No resulta fácil marcar límites al uso de una fórmula bastante práctica en ocasiones. Pero sí es notorio el delito cuando el engendro resultante de la sufijación (“maximizar”) reemplaza a un verbo más corto ya existente (“aumentar”, “agrandar”) y lo hace por el simple prurito de estirar las palabras creyendo que así suenan mejor».

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