martes, 14 de enero de 2014

Ombudsman (/ˈɒmbʊdzmən/)


Voz sueca, derivada del nórdico antiguo “umbothsmathr” (“umboth” —“comisión”— y “mathr” —“hombre”—) que significa literalmente “hombre administrativo” o “hombre que representa a” (es decir, “comisionado” o “representante”, figura pública que nació en el siglo XIX para proteger los derechos civiles en representación del rey —el nombre completo era y es “justitieombusdman”, que traducido es “comisionado de justicia”—, un árbitro entre el Estado y el ciudadano) y que se ha asimilado en otras naciones para nombrar al ‘alto funcionario público encargado de proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos ante los poderes públicos’, es decir, la persona designada por el gobierno para recibir, investigar y dictaminar sobre las denuncias de abusos o excesos perpetrados por alguna institución o funcionario público: “defensor del pueblo”, en España y en la mayor parte de América del Sur; “defensor de los derechos humanos”, en México y algunos países centroamericanos; “defensor de los habitantes”, en Costa Rica; “procurador de los derechos humanos”, en Guatemala; etc.
Para los usos extensivos en que esta palabra se refiere a la figura que defiende los derechos de otros colectivos, se recomienda emplear la voz “defensor”, seguida del complemento especificativo correspondiente: “defensor del lector”, “defensor del consumidor”, etc. No obstante, nuestra fauna empresarial, extremadamente influenciable por las tendencias provenientes del Imperio, suele optar por expresiones del estilo de “ombudsman corporativo” (“defensor del empleado”).

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