martes, 17 de diciembre de 2013

Escrache


Es paradójico que ilustres personajes de la talla de Cristina Cifuentes y María Dolores de Cospedal demuestren una y otra vez su ignorancia y su ineptitud, atreviéndose tanto a calificar de terroristas de ETA a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, como a acusar de nazis a las personas que practican “escraches” contra miembros de su casta. Si bien en alguna ocasión no habría estado de más un poco de moderación en algunas de estas execraciones o vituperaciones públicas, también convendría que quienes hablan en público apliquen también moderación a su lenguaje (además de un poco de coherencia y documentación previa), puesto que los “escraches” nacieron precisamente durante la caza de asesinos nazis al finalizar la II Guerra Mundial. Como nos explica D. Roberto A. Pazo Cid, Serge y Beate Klarsfeld, él un abogado francés de origen judío y ella la hija de un soldado del ejército alemán, descubrieron en Bolivia el domicilio del oficial de las SS Klaus Barbie, el carnicero de Lyon, así como los domicilios alemanes donde vivían plácidamente Kurt Lischka, Herbert Hagen y Ernst Heinrichsohn, el primero jefe de la Gestapo, el segundo jefe de las SS y el tercero guardia feroz de un campo de concentración en Francia. Acudieron con cámaras a la puerta de estos domicilios junto con supervivientes de los campos de concentración, que protestaron encadenándose a la fachada de sus casas. Consiguieron así que todos esos nazis fueran juzgados y condenados.
Según el Diccionario de americanismos de las Academias de la Lengua, “escrache” alude a la ‘manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que, en general, se realiza frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada’. El término, cuya connotación sonora evoca algo que sucede con estrépito (y tiene así un valor onomatopéyico), se popularizó en los años noventa para referirse a las manifestaciones organizadas frente a los domicilios de procesados por delitos cometidos durante la dictadura argentina que luego habían sido puestos en libertad. No obstante, como hemos visto más arriba, su origen es muy anterior y bastante lejano de Argentina. Su uso nos ha llegado ahora de regreso a Europa, en otros países y contextos, después de dar unas cuantas vueltas por el mundo.
El verbo “escrachar” también aparece en el Diccionario de americanismos con varios significados, entre ellos los de ‘dejar en evidencia a alguien’ y ‘golpear duramente a alguien’. El DRAE, que no recoge sus derivados americanos “escrache” (‘poner en evidencia o delatar públicamente a alguien’, ‘situación desairada en que se deja a alguien’) y “escracho” (‘cara o rostro, especialmente si es feo o desagradable’, ‘fotografía de una persona, generalmente de mala calidad’ y ‘cosa mal hecha’, además de, por influencia del italiano “scaracio” —“billete”— ‘boleto de lotería o pasaporte falsificados o engañosos’ —que seguramente precisaban de alguna raspadura para alterar sus datos—), sí incluye el verbo “escrachar” como un coloquialismo argentino y uruguayo con los significados de ‘romper, destruir, aplastar’ y ‘fotografiar a una persona’, quizás a partir del gallego (‘cascar, aplastar, despachurrar’; ‘hacer cachos, romper’), que se basa a su vez en el verbo “cachar”, asimismo registrado por la Academia: ‘hacer cachos o pedazos algo’. Por su parte, el Diccionario etimológico del lunfardo, del argentino Óscar Conde, apunta como origen de “escrachar” un posible cruce entre el genovés “scraccâ” (expectorar, escupir —parecido al francés “cracher”, con el mismo significado—), y el italiano “schiacciare” (romper, destrozar).
Desafortunadamente, esta palabra ha tenido la mala suerte de parecerse al inglés “scratch” /skrætʃ/ (“rayar”, “arañar”, “rascar(se)”), dando como resultado que otro uso muy común de este verbo hoy en día se corresponda con esta versión espanglish («me “escracharon” el coche.»).

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