martes, 26 de noviembre de 2013

Joyitas del periodismo deportivo


La lengua constituye el instrumento básico de trabajo de los periodistas deportivos. Paradójicamente, muchos de ellos no respetan las elementales reglas con las que ésta se rige con el mismo denuedo con el que apelan a los diferentes reglamentos de cada disciplina y exigen su cumplimiento a deportistas, árbitros, comités de competición, etc. Bien apelando a supuestos principios de libertad y creatividad, bien por pura ignorancia, el periodista deportivo patrio burla sistemáticamente las elementales reglas por las que se rige nuestra lengua.

Como bien dijo D. Fernando Lázaro Carreter, «mientras haya goles, todo está legitimado». Veamos pues un breve e incompleto muestrario de los gazapos más frecuentes, los cuales habrá que diferenciar de los comprensibles y justificables errores, incorrecciones o precipitaciones propios de una profesión que obliga a la inmediatez y a pasar varias horas al día hablando sin parar.


• Adolecer («Este equipo adolece de velocidad»): adolecer significa ‘tener algún defecto’ o ‘padecer algún mal’. De este modo, afirmar que el equipo “adolece” de velocidad equivale a decir que la velocidad es un defecto, cuando lo que se quiere indicar es todo lo contrario, es decir, que el equipo “carece” de velocidad o, en todo caso, que “adolece” de falta de velocidad. Y para no andar con tanto rebuscamiento lo mejor es decir llanamente que el equipo es lento.

• Aguas, hacer («El Celta hizo aguas en defensa», «Hizo aguas el equipo de Valverde»): “hacer agua”, mejor que “hacer aguas”, es la expresión recomendada para indicar que un equipo o una de sus líneas ‘presenta debilidad o síntomas de ir a fracasar’, ya que el significado tradicional de “hacer aguas” es ‘orinar o hacer de vientre’, tal como indica el Diccionario María Moliner. Como nos explican en la Fundéu, si trocamos singulares por plurales corremos el riesgo de que algún lector o radioescuchante, al toparse con “las aguas”, dé en imaginar escenas indecorosas, más propias de urinarios que de estadios futbolísticos. Por muy amedrantadora que resulte la presencia de un delantero, los jugadores profesionales son hombres recios, curtidos en mil batallas y de sobra combativos, conque una cosa es que la zaga sea un coladero y otra muy distinta que se orinen o mancillen los pantalones.


• Asequible («No hemos podido entrevistar al jugador: es una persona poco asequible»): decir que una persona es poco “asequible” quiere decir que es ‘difícil de conseguir o alcanzar’, cuando lo que se quiere decir es que es de trato fácil o difícil, que accede o no a ser entrevistado. Podría decirse que «las entradas para el partido tienen un precio “asequible”», pero en el caso de las personas se utiliza el adjetivo “accesible” (‘de fácil acceso o trato’).

• Agresivo («El equipo juega con agresividad» o «es un jugador muy agresivo»): sería más apropiado decir que «el equipo juega con “garra” o “dureza”» y que «es un jugador muy “duro” o “expeditivo”», puesto que jugar con “agresividad” o ser “agresivo” implica cometer agresiones, agredir, es decir, ‘acometer a otro para herirlo, hacerle daño e incluso matarlo, especialmente sin justificación’. Sin embargo, lo que realmente se quiere decir es se trata de un jugador enérgico, ambicioso o con determinación, pero no violento; “no se anda con contemplaciones” (comete muchas faltas, pero sin ánimo de herir, lesionar ni mucho menos matar).


• Beligerante («Hoy el árbitro está beligerante»): el adjetivo “beligerante” tiene su origen en el latín “bellum” (“guerra”); además de sinónimo de “combativo”, es ‘el que hace la guerra’ y suele aplicarse sólo a aquella nación o potencia que está en guerra. Como un árbitro no es una nación, ni tampoco es (ni puede estar) “belicoso”, “belígero” o “combativo”, se deduce que lo que se quiere decir es que el árbitro está (o es) “intransigente”, es decir, que pita todas las faltas, no acepta explicaciones ni protestas, etc.

• Cesar («Han cesado al entrenador»): “Cesar” es el verbo adecuado cuando lo que se quiere decir es que el entrenador ha ‘dejado de desempeñar su cargo’. Sin embargo, nadie “cesa” a nadie, sino que lo “destituye” (es decir, lo aparta de su cargo); o bien el entrenador “dimite” (“renuncia” o “se aparta” de su cargo). Sea por destitución, dimisión, inhabilitación, lesión, etc. es el entrenador el que “cesa” como tal.


• Circular («Los jugadores circulan el balón a dos o tres toques» o «No tuvieron un juego fluido, no circularon el balón con rapidez»): el verbo “circular”, en su acepción de ‘correr o pasar una cosa de unas personas a otras’, es intransitivo (se construye sin complemento directo), por lo que es inapropiado decir que alguien “circula” algo. Pueden emplearse, entre otras opciones, giros como “mover”, “tocar” o “desplazar” el balón. Lo aconsejable habría sido decir «Los jugadores “hacen circular” el balón a dos o tres toques» o «No tuvieron un juego fluido, “el balón no circuló” con rapidez».

• Consideración («No podrán jugar gracias a que están lesionados de distinta consideración»): cuando algo es “de consideración” quiere decir que tiene “importancia”, “gravedad”, “monta” o “consecuencia”; ni mucha ni poca, ni mayor ni menor. Así, un jugador que se tuerce el tobillo está lesionado con la misma “consideración” que otro que se rompe el ligamento cruzado de la rodilla; sin embargo, la “gravedad” o “importancia” es distinta (el de la torcedura de tobillo probablemente podrá volver a jugar en un par de semanas, mientras que el del ligamento cruzado tendrá que despedirse de la temporada). Es decir, que en ambos jugadores la “consideración” es la misma (están lesionados), pero no la “gravedad”. Por otra parte, estar lesionado no es una “gracia”, sino una “desgracia”, luego no es algo que se de “gracias a” algo, sino “por culpa de” algo. Del mismo modo que no decimos «el equipo ha perdido gracias al mal juego», sino «el equipo ha perdido “por culpa del” mal juego», también es impropio decir «no podrán jugar gracias a que están lesionados».


• Crack: no sé lo que fumarán en la prensa, en las retransmisiones deportivas y en las tertulias radiofónicas y televisivas, o si algún programa informático les habrá realizado alguna modificación en su cerebro, pero hoy en día no les basta con el sinfín de palabras genuinas con las que ya expresábamos que un deportista es “un astro”, “un genio”, “un portento”, “un monstruo”, “un as”, “un fuera de serie”, “un/el número uno”, “un fenómeno”, “una estrella”, “una figura”, “de primera [categoría, clase]”, “prodigioso”, “magnífico”, “magistral”, “fenomenal”, “estupendo”, “de aúpa”, “bárbaro”, “extraordinario”, “excelente” o “excepcional”, y se empeñan en arrinconar esos términos, de gran solera en nuestra lengua y tanto o más eficaces y precisos, para exclamar el anglicismo «¡qué crack!» (sin precisar, como hacen en inglés —“crack player”—, para distinguir claramente de otros significados de “crack” relacionados con “droga” o “ruptura”), con tanta frecuencia que no sólo consiguen que termine figurando en el DRAE (‘deportista de extraordinaria calidad’, ‘caballo que destaca en las carreras’), sino que de tanto repetirla termina por volverse tan cansina que, antes muertos que hablar español, se ven obligados a inventarse nuevos términos como “megacrack” o “supercrack”.
Curiosamente, como por arte de magia, sólo con quitarle esa secuencia –ck final (ajena al español), lo que era un deportista (o artista) destacado, aunque la onomatopeya siga siendo la misma, se convierte en algo tan negativo como “quiebra” o “desastre” [comercial o financiero]. Eso sí, sólo en castellano, porque en inglés para referirse a ese concepto utilizan el término “crash” /kræʃ/ (“quiebra”, “accidente”, “choque”, “estrépito”, “estruendo”, “estallido”) que, para no perder las buenas costumbres, también hemos calcado por estos lares.
Sin embargo, en lo que concierne a cambios de letras y de significado, lo realmente llamativo viene dado por la dejadez de muchos a la hora de pronunciar las palabras. Así, es de agradecer que, cuando un periodista deportivo recibió hace poco a una estrella deportiva en su emisora de radio, éste fuera español; espetar la frase «eres un crap”» (/kræp/, “mierda”) a un “inmigrante” de habla inglesa habría sido un poco embarazoso. A propósito, qué raro suena llamar “inmigrante” a un millonario, ¿verdad? ¡Qué contentos estamos todos cuando el astro argentino, brasileño o camerunés del balompié de turno quiere trabajar en nuestro país y solicitar nuestra nacionalidad! Sin embargo, si le quitamos la camiseta del Barsa o del Madrí y le ponemos un mono de trabajo, la cosa cambia, ¿no?
Aunque no venga mucho a cuento, el mismo periodista comentaba que «ambos equipos han empatado a tres goles». Tras escucharlo durante unos momentos, llegué a la triste conclusión de que no se trataba de dos partidos diferentes, sino de uno solo, por lo que es evidente (y alarmantemente redundante) que si el primero empata a tres con el segundo, el segundo hace lo propio con el primero. Las ansias de adornar el lenguaje con florituras inútiles llevan inevitablemente al ridículo.

• Defensor («A lo largo del partido, se ha marchado de su defensor por velocidad»): aparte del hecho de que los partidos no tienen “largos” ni “anchos”, sino que se desarrollan “durante” un tiempo, hay que tener en cuenta que el “defensor” de un jugador será siempre un jugador de su propio equipo, con lo que el defensor contrario no le defiende a él, sino a su propia portería o a su propio portero. Es decir, que un jugador regateará, engañará o se escapará no de su defensor, sino del defensor contrario, cuyo objetivo es que los jugadores del equipo rival no hagan gol. Puede que esto sea un mero matiz semántico, pero hay que tener en cuenta que la semántica trata de los significados de las palabras, y defenderme a mí o defender a otro es algo más que un matiz.


• Detentar («Estamos hablando con el Sr. Mengano, que detenta el cargo de utilero del equipo»): como bien indica la Fundéu, el verbo “detentar” significa ‘retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público’, por lo que no puede emplearse como sinónimo de “ejercer”, “desempeñar” o, simplemente, “tener”. Sería una verdadera novedad que un utilero “detentara” semejante cargo ya que, si bien es evidente que se trata de un puesto de cierta responsabilidad, queda lejos de ser un cargo poderoso. Otra cosa son aquellos utileros que prefieren llamarse a sí mismos “técnico de equipación deportiva”, denominación que claramente otorga una mayor categoría a su labor.

• Detrimento («hoy juega fulanito en detrimento de menganito» o «proponer algunas medidas en detrimento de la conflictividad»): un jugador “sustituye” a otro, o sale “en lugar de” o “en vez de” otro, pero no “en detrimento” (y mucho menos “en deterioro”, como también dicen algunos). El “detrimento” (‘destrucción leve o parcial’, ‘pérdida, quebranto de la salud o de los intereses’, ‘daño moral’), es claro, supone “perjuicio”, pero ¿se puede causar perjuicio a algo tan indeseable como es la conflictividad? No se sorprenda si el médico le receta un antibiótico “en detrimento de sus bacterias”; ni si a un menesteroso le toca la lotería “en detrimento de su pobreza”.


• Duda («Fulanito es duda para el partido del sábado»): todos comprendemos el significado, pero ¿no piensan ustedes que la expresión “ser duda” aplicada a una persona no tiene mucho sentido? Si decimos que “se pone en duda” o que “está en duda” la asistencia de tal jugador a un partido, ya no sonamos “sofisticados”, ahora los jugadores tienen que “ser duda”. Así que tal vez no existan.

• Enervar («con su juego, es capaz de enervar a cualquiera»): aunque finalmente la RAE ha tenido que ceder al galicismo derivado de “énerver” (/enɛʀve/) e incluir el significado ‘poner nervioso’ como tercera acepción, realmente “enervar” significa ‘debilitar, quitar las fuerzas’ (someter físicamente a alguien) o, en sentido figurado ‘debilitar la fuerza de las razones o argumentos’, aunque apenas se usa. Teniendo tantos y tan precisos verbos (“cabrear”, “crispar”, “encolerizar”, “encrespar”, “enfurecer”, “enojar”, “enrabiar”, “exasperar”, “fastidiar”, “impacientar”, “indignar”, “irritar”, “sacar de madre”, “sacar de quicio”, “sacar de sus casillas”, “sulfurar”, etc.), ¿para qué usar uno de sentido totalmente distinto al habitual en español?



• Ente («Los dos entes, el Gobierno y el Ayuntamiento, están de acuerdo: el partido que ofrecerá el ente público TVE es de máximo riesgo»): el Gobierno es una “institución”, el Ayuntamiento es una “corporación” y TVE es un “organismo”. “Ente” es un término filosófico (‘lo que es, existe o puede existir’) y, coloquialmente, un ‘sujeto ridículo o extravagante’. Cierto es que el DRAE, limitándose a recoger lo que el uso ha hecho común, incorporó en su día la acepción “ente” como sinónimo de “entidad” con el significado de ‘colectividad considerada como unidad; especialmente, cualquier corporación, compañía, institución, etc., tomada como persona jurídica’. Sin embargo, del mismo modo que una palabra en uso no tiene por qué ser incorrecta por no estar en el Diccionario, tampoco una palabra ha de ser necesariamente aconsejable por el mero hecho de figurar en éste.

• Especular («El equipo está especulando mucho»): antaño especulaban los filósofos y los teólogos (‘registrar, mirar con atención algo para reconocerlo y examinarlo’, ‘meditar, reflexionar con hondura, teorizar’, ‘perderse en sutilezas o hipótesis sin base real’); después comenzaron a hacerlo también los agentes comerciales (‘efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios’, ‘comerciar, traficar’, ‘procurar provecho o ganancia fuera del tráfico mercantil’); pero los futbolistas, en el desempeño de su actividad deportiva, no “especulan”, sino que “pierden el tiempo”, “no van hacia la portería contraria”, “juegan lentamente”, “retrasan el balón”, etc. para que el partido acabe con resultado favorable.






• Espeso («El juego del equipo es espeso»): una actividad nunca puede ser espesa. “Espeso” o “espesa” lo es una cosa, una masa o sustancia que puede ser densa o condensada, o algo apretado y junto como los árboles del bosque y su “espesura”. También se dice “espeso” o “espesa” a lo ‘sucio, desaseado o grasiento’ y, en algunos países como Argentina, Perú y Venezuela, significa ‘pesado, impertinente, molesto’. Referido al juego de un equipo, quienes lo definen como “espeso” se refieren a la impresión que ofrece el equipo por jugar “sin fluidez”.


• Evolucionar («Red Bull es el equipo que mejor ha evolucionado el coche» o «Ferrari ha evolucionado su sistema de suspensión»): en algunos medios de comunicación, y muy especialmente en la información deportiva del mundo del motor, es frecuente el empleo del verbo “evolucionar” como transitivo, cuando en realidad es intransitivo en todas sus acepciones y, por tanto, se construye sin complemento directo: un equipo no “evoluciona” un coche, sino que lo hace evolucionar”; el coche o su sistema de suspensión pueden “evolucionar”, pero no “ser evolucionados”. Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido utilizar la expresión “hacer evolucionar” o algún verbo alternativo, como “mejorar”, “perfeccionar” o “desarrollar”: «Red Bull es el equipo que mejor ha “desarrollado” el coche» y «Ferrari ha “mejorado” su sistema de suspensión».




• Firmar («El Madrid firmó a Varane, que podría estar capacitado para jugar más de una década en el Santiago Bernabéu» o «El Atlético firma a Simeone hasta 2017»): que los futbolistas engalanen sus brazos con toda suerte de tatuajes es costumbre ante la que ya nadie respinga. Más cuesta imaginar, en cambio, a todo un presidente de un equipo, tan encorbatado por lo común, persiguiendo a jugadores y entrenadores estilográfica en ristre para plantarles un autógrafo en los bíceps, esto es, para “firmarlos”. Y, sin embargo, a juzgar por algunas noticias aparecidas en los medios de comunicación, parecería que más de uno ha plasmado su rúbrica en muchas pieles. “Firmar” es ‘poner su firma una persona’ y, tal como indica el diccionario de María Moliner, un deportista puede “firmar por” o “fichar por” un equipo, mientras que el equipo o su presidente “ficha” o “contrata” al jugador mediante un documento firmado por ambas partes. Así pues, lo apropiado en los casos anteriores habría sido escribir «El Madrid “fichó” a Varane…» y «El Atlético “contrata” a Simeone hasta 2017», o «Varane “firmó por” el Madrid…» y «Simeone “ficha por” el Atlético hasta 2017». Y, por curiosidad, ¿los árbitros firman o fichan? Pues depende: si lo que se quiere expresar es que el trencilla no ha dado pie con bola en todo el partido, podrá afirmarse que «“firmó” una actuación nefasta»; pero si un colegiado vigila a un jugador leñero, se dirá que lo tiene “fichado”, es decir, que lo mira ‘con prevención y desconfianza’, de acuerdo con el Diccionario académico. Cuestión distinta es si lo mira así por lucir semejantes tatuajes.

Ingresar («Ingresamos en el minuto noventa de partido» o «Ingresamos en el tiempo extra»): «Ingresar» es un verbo normalmente transitivo (‘meter algunas cosas, como el dinero, en un lugar para su custodia’; ‘meter a un enfermo en un establecimiento sanitario para su tratamiento’; ‘ganar cierta cantidad de dinero regularmente por algún concepto’) que también puede funcionar en ocasiones como intransitivo (‘entrar en un lugar’; ‘entrar a formar parte de una corporación’; ‘entrar en un establecimiento sanitario para recibir tratamiento’), Sin embargo, cabe preguntar qué es lo que «ingresamos» en el minuto noventa, puesto que no se trata de un lugar. ¿Cómo demonios se «ingresa en» un minuto, cómo se mete uno dentro de un minuto?




• Inalterable («El marcador sigue inalterable —invariable— como al principio»): “inalterable” quiere decir ‘imposible de alterar o cambiar’ y, si así fuera, ¡para qué jugar! Es mejor decir “inalterado”, para expresar que el marcador no ha variado pero puede hacerlo en cualquier momento.


• Iniciarse («El partido se inicia a partir de las cinco de la tarde, una hora menos en la Comunidad Canaria»): el verbo “iniciar” ha arrinconado a otros como “comenzar” o “empezar”; sin embargo, utilizarlo de manera reflexiva da lugar a confusión, pues no parece que el partido vaya a recibir las órdenes menores en la vida clerical o algo por el estilo (puede decirse que “se inicia” un incendio cuando las causas son desconocidas, pero el partido realmente “comienza” o “empieza”). Por otro lado, no lo hace “a partir de una hora”, sino “a una hora” en concreto: pese a la proverbial impuntualidad española, en el fútbol hay un horario que cumplir, sobre todo si lo retransmiten por televisión (puede ser que las taquillas abran “a partir de” las cuatro de la tarde, con lo que podremos comprar la entrada entre dicha hora y el comienzo del partido; en cambio, si uno va al estadio a las siete y el partido comienza a las cinco, para entonces éste ya habrá terminado). Por último, hay que tener en cuenta que “menos” es un adverbio de cantidad y “antes” lo es de tiempo, por lo que en Canarias es una hora “antes”, no una hora “menos”.





• Intratable («Hoy el portero ha estado intratable»): “Intratable” significa que alguien no es tratable o manejable; que es insociable o de genio áspero; y, si bien desusado, “intratable” es un lugar por el que resulta difícil transitar. Que un portero de fútbol tenga un genio áspero, que sea poco sociable, es algo que no tiene nada que ver con parar todos los balones o hacer paradas memorables. Si el portero de una finca es “intratable”, seguramente será despedido, mientras que si un portero de fútbol es “intratable” pero lo para todo, será renovado por cumplir bien con su trabajo.

• Irrumpir («El público irrumpió en aplausos»): “irrumpir” quiere decir ‘entrar violentamente en un lugar’. Lo correcto sería decir que «el público “prorrumpió” en aplausos», puesto que “prorrumpir” significa que alguien expresa su sentimiento con pasión (riendo, llorando, aplaudiendo).




• Leer («Ha leído muy bien la jugada». «¿Qué lectura haces del partido?»): Nadie “lee” una jugada, sino que la “intuye” o la “conoce”. Y nadie hace “lecturas” de los partidos; se puede leer el resumen o la opinión, pero “opinar” no es hacer una “lectura”, sino dar el parecer sobre lo sucedido durante el partido. Lo correcto sería «Ha “intuido” muy bien la jugada» y «¿Qué “opinas” del partido?».


• Lívido («El jugador, mareado, se ha quedado blanco, lívido, y es retirado del campo»): ateniéndonos a la etimología del término (del latín “livĭdus”), “lívido” significa ‘amoratado, que tira a morado’, no “blanco”, por lo que lo correcto sería decir «El jugador, mareado, se ha quedado “pálido” y es retirado del campo». No obstante, el uso se ha impuesto y se ha incluido en el Diccionario una palabra con sentido completamente distinto al habitual, aceptando la RAE como segunda acepción de la palabra “lívido” la de ‘intensamente pálido’. Siendo dos acepciones totalmente incompatibles (por tratarse de dos colores completamente diferentes), el problema vendría si a algún purista se le ocurriera llamar (correctamente) “lívido” al color que toma el rostro de alguien cuando se ruboriza o se encoleriza, con lo que podría haber frases como «Encontronazo entre dos defensas y un delantero. Son sacados del campo. El delantero, “lívido” en su primera acepción; los dos defensas, “lívidos” en la segunda acepción.» Otro cantar es que algunos vayan más allá y confundan “lívido” con “la libido” (‘deseo sexual’); algunos incluso lo escriben “líbido” o lo utilizan en masculino.



• Materializar: archisílabo típico de los comentaristas deportivos, para quienes los goles ni se “meten” ni se “plasman”, sino que se “materializan”, del mismo modo que, por ejemplo, los encuentros ni “terminan” ni “acaban”, sino que “finalizan”, ya que no tienen ni “final” ni “término”, sino “finalización”.

• Perdonar («En el fútbol, el equipo que perdona, acaba perdiendo»): un equipo puede fallar muchos goles, pero “fallar” no es “perdonar” (‘eximir a alguien de su obligación’). Si así fuera, el delantero, “perdonando”, lo que hace es eximir al portero de su obligación de parar balones. “Perdonar” significa también ‘renunciar a un derecho, goce o disfrute’; o sea, que el jugador, al “perdonar”, además de lo dicho, también renuncia a su derecho a meter gol, al gozo de hacerlo y al disfrute de haberlo hecho. ¿Alguien se cree una cosa así? El jugador, no; el portero contrario, tampoco; la afición, menos; y el entrenador, no digamos.

• Perdonar («Es un tipo presumido y ostentóreo»): 
en este caso no se trata de un periodista, aunque el personaje en cuestión, Jesús Gil y Gil, se hizo “famoso” por ejercer muchas más “actividades” además de la relacionada con el mundo del balompié como presidente del Atlético de Madrid. Como glosa Julio Somoano Rodríguez en su interesante tesis doctoral titulada El papel de la radio, la televisión y la prensa en la normalización en la lengua española del eufemismo, el sesquipedalismo y el malapropismo, en cierta ocasión, cuando compaginaba dicho cargo con el de alcalde de Marbella, «fusionó los términos “estentóreo” y “ostentoso” para crear inconscientemente ese término inmortal que los medios de comunicación han repetido hasta que ha entrado en el inconsciente colectivo» para acusar a un jugador de acudir a juergas nocturnas sin esconderse, como aclara Álex Grijelmo en El genio del idioma.
Como explicaba Pancracio Celdrán en el n.º 1365 de XL Semanal, este vulgarismo —que también tiene una clara confusión fonética con “estertóreo”— podría definirse como ‘ostentoso, llamativo y ruidoso’.

• Pírrica: Empecemos con un poco de historia. Pirro, basileos (rey) de Epiro (en Grecia) en los siglos IV y III a.C., derrotó a Roma en las batallas de Heraclea y Ásculo; sin embargo, en ambas batallas su ejército sufrió tantas bajas que, al contemplar el resultado, dijo «Otra victoria como esta y volveré solo a Epiro». Además, al poco tiempo, los romanos ocuparon el sur de Italia y Pirro tuvo que volver a Epiro. Ganó dos importantes batallas, pero sus tropas quedaron diezmadas y perdió la guerra: de ahí viene la expresión «una victoria pírrica», para referirse a aquella que se consigue con grandes pérdidas, recibiendo más daño el vencedor que el vencido.
Sin embargo, el lenguaje es algo vivo, que cambia gracias a (y por culpa de) sus hablantes, a muchos de los cuales les importa un pimiento la Historia y aplican las expresiones o los refranes según les convenga. Por ejemplo, si un equipo de fútbol gana sólo por uno a cero y de penalti en el último minuto, el cronista de la noticia no dudará en calificarlo de «victoria pírrica», en vez de «victoria apurada», «victoria por la mínima», «victoria in extremis», «victoria inesperada», «victoria con la suerte del campeón», etc. O, si en un año de sequía, las lluvias llegan de manera intempestiva, muchos periodistas se lanzarán a comentar que «la subida de los pantanos ha sido pírrica».
Sí sería correcto el término «victoria pírrica» si el equipo ganador no consigue el campeonato o la permanencia, o si además acaba el partido con varios jugadores lesionados. Pero no debe llamarse «pírrica» a una victoria “por la mínima”, “costosa” o “muy laboriosa”.
Este es un caballo de batalla con el cual estoy condenado a obtener siempre una derrota, “pírrica” o de cualquier otra índole. Estos usos están tan asumidos por la sociedad que no sólo la RAE ha reconocido otras acepciones del término (‘conseguido con mucho trabajo o por un margen muy pequeño’; ‘de poco valor o insuficiente, especialmente en proporción al esfuerzo realizado’) aparte del históricamente correcto ‘dicho de un triunfo o de una victoria: obtenidos con más daño del vencedor que del vencido’, sino que se ha convertido en una especie de comodín para que cada cual lo utilice para lo que le parezca (como en el caso de la subida de los pantanos), contando con el apoyo no sólo del gremio de periodistas enemigos de la Grecia Clásica, sino con ilustres personajes como D. Amando de Miguel, que opina que «el adjetivo “pírrico”, como tantos otros, es un comodín que admite distintos significados o, por lo menos, matices».




• Plagar: («Una temporada plagada de triunfos»): el DRAE define “plagado” como ‘herido o castigado’, del verbo “plagar”, que a su vez significa ‘llenar o cubrir a alguien o algo de una cosa generalmente nociva o no conveniente’ y ‘ulcerar, llagar’. Queda clara entonces, a la vista de estas definiciones, la connotación negativa del verbo tanto en infinitivo como en participio. Se puede estar “plagado” de heridas, pero no de triunfos.


• Postrimerías («El balón está en las postrimerías del área»): con este alarde de creatividad, las postrimerías (‘último período o últimos años de la vida’, ‘período último de la duración de algo’) han pasado de tener un sentido temporal a local. Mejor dejar las “postrimerías” para lo que están (por ejemplo: «en las “postrimerías” del partido, marcó el gol de la victoria») y simplificar lo del área (“al borde del área”, “en la línea de fondo”, “en el lateral”, etc.).






• Precalentamiento («Los jugadores están calentando en el precalentamiento»): lo que se quiere decir es que los jugadores están haciendo ejercicios que sirvan para desentumecer, estirar o calentar los músculos antes de empezar a jugar. Sin embargo, decir “precalentamiento” equivale a que alguien está calentando algo antes de calentarlo, por lo que habría que decir que «los jugadores “están calentando”» o, mejor aún, «los jugadores “se están calentando”»; “calentar” es un verbo pronominal en la mayoría de sus acepciones, aunque se permite su uso como intransitivo no pronominal cuando significa, dicho de un deportista, ‘realizar ejercicios de calentamiento’; no obstante, siendo estrictos, “calentar” es ‘dar calor a algo’, por lo que los jugadores, salvo que calienten el banquillo, la grada, el público o los ánimos, en realidad «se están calentando» o «calientan músculos».
También debe utilizarse como pronominal el verbo “entrenar”, que significa ‘preparar, adiestrar personas o animales, especialmente para la práctica de un deporte’. Así, es el entrenador quien [los] entrena, mientras que los jugadores “se entrenan” (se preparan siguiendo lo dispuesto por el entrenador).

• Previo («Previo al partido, el entrenador ha sido claro en su alocución: hay que poner coto a la portería contraria haciendo que el balón merodee sólo el área del rival»): “Previo” significa ‘anticipado, que va delante o que sucede primero’, es decir, que tiene relación con lo que vaya a suceder después, mientras que el partido no tiene relación alguna con las declaraciones del entrenador; por ello, lo más correcto sería decir “antes del partido”.
Los entrenadores suelen hacer “declaraciones” o “manifestaciones de intenciones”, pero nunca “alocuciones” (‘pieza oratoria de un superior en ocasión solemne’), ni “discursos” (propios de parlamentarios), ni “salutaciones” (propias de la realeza), ni “homilías” (suelen hacerse en las iglesias), ni “arengas” (propias de un oficial a su tropa), ni “disertaciones” (propias de un conferenciante), ni “soflamas” (propias de un demagogo).
“Poner coto” significa ‘impedir que continúen desafueros, desmanes, vicios, abusos, etc.’; como la portería no puede hacer nada de eso, lo que se quiere decir es que hay que “cercarla”, “asediarla” o “asfixiarla” continuamente sin dejar respirar a la defensa.
Por último, “merodear” significa ‘vagar por las inmediaciones’, pero implicando malas intenciones, normalmente el robo.


• Proferir, proporcionar, propiciar, otorgar («Lo vimos en la repetición: el defensa le profirió/proporcionó/propició/otorgó una patada al delantero»): “Proferir” significa ‘pronunciar, decir, articular palabras o sonidos’; “proporcionar”, ‘poner a disposición de alguien lo que necesita o le conviene’; “propiciar”, ‘aplacar la ira de alguien’, ‘atraer o ganar el favor o benevolencia de alguien’, ‘favorecer la ejecución de algo’; “otorgar”, ‘conceder algo que se pide o se pregunta’. Como una patada no es una palabra, no se puede “proferir”; tampoco es algo que el jugador necesite ni le convenga, por lo tanto no se puede “proporcionar”; no es algo que aplaque la ira del jugador que la recibe (más bien al contrario), por lo que no se puede “propiciar”; ni algo que el jugador pida o solicite, por lo tanto no se puede “otorgar”. Una patada se “da”, se “propina”, se “suelta”. Por su parte, el árbitro tampoco “otorga” tarjetas, sino que las “enseña” o “muestra”.

• Pronosticar («Los lectores pueden dejar sus pronósticos para el sorteo de la Champions en nuestra página», «El jugador blanco ya pronosticó el cruce con el club bávaro» o «No se cumplieron los pronósticos de muchos madridistas: el Real no se cruzará con el Barça en cuartos»): “pronosticar”, según el Diccionario académico, significa ‘conocer por algunos indicios lo futuro’, por lo que no es apropiado su uso para referirse al resultado de un sorteo, que depende única y exclusivamente del azar; para este caso, lo adecuado sería emplear el verbo “predecir”. Es bastante común, sin embargo, leer y escuchar noticias en las que se “pronostica” el resultado de un sorteo, como los que se celebran para establecer las eliminatorias en algunas competiciones deportivas. En todos estos casos lo apropiado habría sido hablar de “predicciones”, “presentimientos” o “apuestas”, pero no de “pronósticos”, pues en los sorteos, salvo que sean amañados, no se da ningún indicio o señal que ofrezca pistas sobre sus resultados y, por lo tanto, no pueden pronosticarse. Se “pronostica” el tiempo, el resultado de un partido o una posible enfermedad porque se dispone de alguna información o indicio sobre ellos (una secuencia meteorológica habitual, el estado de forma de un equipo o una serie de síntomas), pero no se puede “pronosticar” el resultado de lo que solo depende del azar.



• Reiniciar («Los jugadores ya han saltado al terreno de juego y el partido se reiniciará dentro de poco»): Lo correcto sería decir que «Los jugadores ya han “salido” al terreno de juego y el partido se “reanudará” dentro de poco». Aparte de que los jugadores no “saltan” al campo, sino que “salen”, el partido no se “reinicia” (‘comenzar de nuevo’), sino que se “reanuda” (empieza la segunda parte o continúa tras cualquier tipo de interrupción).

• Rutinario («El colegiado realiza la rutinaria inspección del campo»): el término “rutinario” tiene, en castellano, una connotación peyorativa (se aplica a la persona o animal que hace las cosas siempre de la misma manera, que obra por rutina, que es la costumbre inveterada o el hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas). Suponiendo que un profesional nunca inspeccionaría las porterías, banderines, marcas, etc. con desidia, dejadez o sin interés, lo correcto sería decir que el colegiado hace la “habitual” o “acostumbrada” inspección del campo; es decir, que se trata de una de sus obligaciones.



• Salva («El equipo fue recibido con una salva de pitos»): entre sus muchos significados, la palabra “salva” tiene los de ‘saludo, bienvenida’, ‘saludo hecho con armas de fuego’ o ‘serie de cañonazos consecutivos y sin bala disparados en señal de honores o saludos’. Es decir, que suele ser para rendir honores, como en “salva de aplausos” (‘aplausos nutridos en que prorrumpe una concurrencia’), por lo que no existe la “salva de pitos”, sino la “pitada” como forma de recibir a alguien con reproche o, en todo caso, “sarta de pitos/pitidos/silbidos”.

• Señalizar («El árbitro acaba de señalizar penalti»): El verbo “señalizar” significa ‘colocar en las carreteras y otras vías de comunicación las señales que indican bifurcaciones, cruces, pasos a nivel y otras para que sirvan de guía a los usuarios’. Sin embargo, cuando el árbitro, dando un pitido y aproximándose al “punto fatídico”, castiga una falta con la pena máxima, lo que hace es “señalar”, “indicar” o “pitar”, pero nunca “señalizar”, puesto que “hacer una señal” para dar a entender algo es “señalar”, no “señalizar”. Sí que “señalizan”, no obstante, los encargados de marcar las líneas del campo, colocar los banderines, etc. Tampoco es adecuada la expresión “marcar una falta” para indicar que se ha “señalado” o “pitado”.



• Singladura («El Sr. Fulano inicia su singladura como presidente del equipo»): término de navegación normalmente utilizado de manera incorrecta en frases como «hoy sale el barco-escuela para una “singladura” de tres meses», «emprendemos ahora una “singladura” que deseamos larga y duradera», «puedes estar satisfecho; al final de tu “singladura” de doce años, te vas dejando una gran obra realizada», obviando que “singladura” es el camino que hace una embarcación en 24 horas, contadas desde un mediodía al siguiente. Para no meter la pata, hay varias opciones disponibles: “navegación”, “periplo”, “travesía”, etc.

• Sobre («El defensa hace falta sobre el delantero»; «El Villarreal va ganando sobre dos a uno»): “sobre” es una preposición que significa “encima de”, “acerca de” o “además de”. Aunque es posible que un jugador se ponga “encima de” otro y lo derribe o, como suele decirse con cursilería, “le haga perder la verticalidad”, las faltas se hacen “a” alguien, luego lo correcto sería decir “comete falta a”.

El segundo caso, con ese “sobre” sobrante e inútil, es más inexplicable e inverosímil todavía.


• ¿Táctica o estrategia? («Entre tantas tácticas y estrategias, el equipo ha estado desorientado»): Como el fútbol muchas veces se ofrece como un combate, se ha adoptado terminología militar. Antes de un partido, los jugadores se preparan física y mentalmente; el entrenador los observa, escoge a los mejor preparados, analiza al adversario (cómo juega, su defensa, etc.) y, con toda esa información, prepara la “estrategia” y la expone a los jugadores (antaño en la “pizarra”, en la época post-LOGSE en el “panel vertical de conocimientos”). Cuando empiece el partido, los jugadores, habiendo asimilado la “estrategia” diseñada por el entrenador, usarán todas las “tácticas” a su alcance para que la “estrategia” surta sus efectos. Es decir, que la “estrategia” la diseña el entrenador antes del partido, mientras que la “táctica” la aplican los jugadores durante éste, por lo que habría sido mejor decir «El equipo ha estado desorientado, sin saber que “táctica” emplear, porque no ha entendido la “estrategia” del entrenador».

• Tensionado («Veo al equipo tensionado»): la palabra “tensión” significa ‘estado anímico de excitación, impaciencia, esfuerzo o exaltación producido por determinadas circunstancias o actividades’, pero no da lugar a “tensionado”, “tensionítico”, “tensionoso” ni a cualquier otro majadero engendro. Es suficiente con “tenso” o simplemente “nervioso”, que se entiende mejor todavía.



• Utillero («Es el jefe de un equipo de cuatro utileros; los días en que hay partido, dejan los uniformes, las botas y los balones listos para usar»): en realidad la palabra correcta sería “utilero”, definida por el DRAE como ‘persona que se ocupa de los menesteres de servicio de los jugadores de fútbol’ y tomada de las personas encargadas de la “utilería” en las obras de teatro.

• Vibraciones / Sensaciones («Los jugadores tenían buenas vibraciones/sensaciones antes del partido»): “vibrar” significa “conmoverse”, algo que no es muy conveniente antes de un partido, y es difícil tener “sensaciones” antes de que algo las produzca o cause. Lo que quieren decir es que “tienen la corazonada”, “auguran”, “presagian”, “pronostican” o “barruntan” la certeza de marcar un gol, ganar el partido, etc.


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