viernes, 11 de octubre de 2013

Globish (/ˈgləʊbɪʃ/)


Al igual que el latín, mejor o peor hablado, fue la llamada “lingua franca” hasta que las lenguas nacionales se fueron imponiendo con la llegada del Renacimiento, hoy en día el inglés se ha ido imponiendo como idioma casi universalmente vehicular. Sin embargo, la ley del mínimo esfuerzo ha convertido al idiomáticamente rico “English” en un engendro denominado “globish”, definido por D. Leopoldo Abadía como «chapurreo de inglés con el que se entienden los que no son ingleses».
Este neologismo, formado a partir de las palabras “global” y “English”, otro más entre los ya de por sí abundantes anglicismos de raíz latina que afean las lenguas españolas, fue acuñado en los años ochenta por Jean-Paul Nerrière, presidente por aquel entonces de IBM (quien, dicho sea de paso, no lo considera una lengua, sino una herramienta), tras asistir a una reunión junto a colegas de cuarenta nacionalidades distintas durante el transcurso de la cual, según sus propias palabras, éstos terminaron hablando «una forma de inglés “desnaturalizado”».
Se trata de una versión simplificada de la lengua inglesa haciendo uso únicamente de 1500 palabras, evitando metáforas o bromas y haciendo el mayor uso posible del lenguaje corporal. Por ejemplo, sugiere no aprender la palabra “nephew” (“sobrino”), sino utilizar “son of my brother” (“hijo de mi hermano”), olvidando que también puede ser hijo de la hermana (“son of my sister”). Es decir, que mientras el resto de lenguas han evolucionado a lo largo de la Historia, con el “globish” se ha dado exactamente el caso contrario: una involución para adaptarse a las necesidades concretas de un colectivo reacio al esfuerzo que supone aprender una lengua.

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