miércoles, 26 de junio de 2013

Múfin


No lo había visto nunca antes, y nunca más volví a verlo, pero en el año 2008 topé con parte del programa Visto y oído, del canal televisivo Cuatro, donde Raquel Sánchez Silva y Joaquín Prat sacaron una “magdalena” y la llamaron “múfin”. Gran error, primero porque el inglés “muffin” (que no “muffi”, como he visto escrito en algún sitio) no se pronuncia “múfin” ni “mófin”, sino /'mʌfɪn/; y segundo porque un “muffin” no es exactamente lo mismo que una “magdalena”. Un “muffin” suele ser de mayor tamaño e ir relleno de trozos de fruta, frutos secos o chocolate, además de ser menos dulce (e incluso salado, como los “corn muffins” del sur de los EE. UU.). Si bien “magdalena” (por su parecido en la forma) o incluso “magdalena americana/estadounidense/yanqui” (por su origen, puesto que los “muffins” británicos son más parecidos a un “pan mollete”) sería aceptable como último recurso para traducir “muffin” (antes que recurrir a pronunciaciones poco ortodoxas o aportar definiciones confusas e imprecisas como la del diccionario Clave: ‘bollo pequeño, dulce y redondo, que se suele tomar caliente y con mantequilla’), no lo es a la inversa, es decir, llamar “muffin” a una “magdalena”.
Un epónimo tan bello como este (fueron inventadas por la cocinera Madeleine Paumier) corre el riesgo de quedar en el olvido por la proliferación de las franquicias de cafés tamaño pinta importadas de nuestro idolatrado Imperio. Además, al mismo tiempo, el epónimo “michelín” (‘pliegue de gordura que se forma en alguna parte del cuerpo’), tomado del muñeco Bibendum que anuncia la conocida marca de neumáticos, también puede verse sustituido por el neologismo “muffin top” (algo así como “rebaba de la magdalena”).

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