miércoles, 20 de marzo de 2013

Aguaitar


Aunque parece un calco del inglés “await” /ə'weɪt/ (“esperar”, “aguardar”) —de hecho, he encontrado varios ejemplos en los que se utiliza con ese sentido, sobre todo en Puerto Rico—, en realidad viene del catalán “aguaitar” (‘vigilar desde un lugar escondido’, ‘mirar a través de una abertura o por encima de algo’) y éste de “guaita” (‘vigía’, ‘centinela’), palabra de origen germánico (“wahten”) emparentada con el inglés “watch” /wɒtʃ/ (“observar”, “vigilar”) que los marineros catalanes utilizaban para designar cada uno de los cuatro turnos de guardia nocturna.
El término se extendió durante el siglo XVI a Castilla y Portugal, pero nunca llegó a arraigar, aunque sí pasó a América (con escala en el Cantábrico: en vascuence se decía “guaitatu”), donde todavía se conserva en algunas regiones con su sentido etimológico de ‘vigilar, acechar’, el muy próximo de ‘atisbar, espiar’ (Perú, Panamá), el más general de ‘ver, mirar, observar’ (Venezuela —y documentado también en catalán—) o las variantes “aguaitear” (Bolivia) y la locución adverbial “al/de/en aguaite” (Perú y Venezuela).
Como resultado, hoy en día tenemos el contraste entre la Península Ibérica, donde es una voz anticuada que puede encontrarse ocasionalmente en el habla rústica de Navarra y Aragón, Andalucía (variante “aciguatar”, cruce de “acechar” y “aguaitar”) o Cataluña (también la variante “guaitar”: «guaita qui ha vingut» —mira quién ha llegado— se dice en catalán), y otros países como Venezuela o Perú, donde se oye en boca de la gente educada y se lee en la prosa de los mejores escritores.
No debe confundirse con el verbo “agüitarse” (‘entristecerse’), propio de El Salvador y México.

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