jueves, 10 de enero de 2013

Máster


De poco nos sirve vanagloriarnos de las fuentes de nuestra lengua (latín, griego, árabe, etc.) si después nos olvidamos de toda nuestra herencia para correr detrás de cualquier tendencia que se ponga de moda. Así, el inglés adaptó el término latín “magister” (maestro) en “master” (/'mɑ:stə(r)/); más adelante, las universidades anglosajonas implantaron una serie de cursos y titulaciones de “posgrado”, a los cuales llamaron “master” (grado universitario inmediatamente inferior al de doctor, o cualquier curso de posgrado, normalmente orientado a la inserción laboral), aplicando también el mismo nombre a la persona que los posee; los españolitos, ante la disyuntiva de elegir entre el imperio de Séneca o el de Britney Spears, sin dudarlo un instante nos decantamos por esta última, despreciando por completo la posibilidad de denominarlos “maestría”, “magíster” o, simplemente, “posgrado”. Para más INRI, el corrector ortográfico de Word se empeña en que lo escriba sin tilde.
También se está poniendo de moda el innecesario anglicismo “master class” (o “masterclass”), usado para referirse a una clase, a un taller o a un seminario dictado por expertos en un área o una materia, en sustitución de “clase magistral”.
Por otro lado, en el ámbito audiovisual se utiliza la voz inglesa “máster” con el sentido de ‘copia a partir de la cual se hacen las demás’, pero se olvidan de las equivalencias españolas “copia maestra” o “cinta matriz”.
Del mismo modo, en deportes como el tenis o el golf se usa el plural inglés “masters” con el sentido de ‘torneo en que sólo participan jugadores que han alcanzado la categoría de maestros’, aunque sería más recomendable sustituir este anglicismo por la equivalencia española “torneo de maestros”.

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