miércoles, 16 de enero de 2013

Hacerle el día a alguien


«¡Muchas gracias, me has hecho el día!», escucho al otro lado de la línea durante una llamada con prefijo 52. Sin duda se trata de un calco del inglés “make somebody’s day” (“alegrarle el día a alguien”, “darle a alguien la alegría del día”). No sé si esta persona habrá visto alguna de las películas de Harry el sucio (o si el doblaje, en caso de haberlo, será diferente en su país), pero su «Alégrame el día», independientemente de nuestros gustos cinematográficos, se encuentra por derecho propio entre las frases míticas del cine, de las que Clint Eastwood atesora unas cuantas («Soy el sargento de artillería Highway. He bebido más cerveza, he meado más sangre, he echado más polvos y he chafado más huevos que todos vosotros juntos, capullos», «Como alambre de espinas y meo napalm, y puedo traspasar el culo de una pulga de un tiro a 200 metros» —El sargento de hierro—, «El mundo se divide en dos: los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo, así que ya puedes coger la pala» —El bueno, el feo y el malo—, «Las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno» —El novato—).

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