jueves, 3 de enero de 2013

Fixie (/'fɪksɪ/)


El mundo de la moda, pobre de ideas desde hace décadas, aprovechando las graves carencias de memoria y capacidad de atención del “homo ludens”, lleva largo tiempo fagocitando y reciclando sus propias ideas y estéticas de épocas anteriores (últimamente, para espanto del que suscribe, parece que están volviendo los ochenta) al mismo tiempo que extiende sus falsas y superficiales garras a otros ámbitos (ahora incluso los teléfonos —sobre todo si llevan el codiciado logotipo de la manzana— son un complemento más con toda su gama de co-complementos).
Así, al igual que volvieron las gafas de concha, los pantalones de campana o las patillas a lo Curro Jiménez, hoy en día uno de los complementos más fashion, a modo de regresión tecnológica vintage, son las bicicletas de piñón fijo. Claro está, como en muchos otros ejemplos, no es lo mismo tener una “bicicleta de piñón fijo”, propia de un vulgar aldeano, que una “fixie” (bien podría traducirse por “bicicleta de piñón ‘pijo’”), que nos transporta a la altura de la más cool de las celebrities. Como bien dice Javier Ansorena en el Magazine El Mundo, «¿Hay algo que sea más tendencia que un look dandi encima de una “fixie”?».
En fin, que detrás de una enorme gama de combinaciones de colores y todo tipo de accesorios, lo que nos queda es la abreviatura de “fixed gears” o “engranaje fijo”, es decir, una bicicleta en la que la rueda trasera y los pedales están conectados a través de un único engranaje. No quiero amargar el día al fashionista petardo de turno pero, por muy de moda que esté, es el tipo más viejo y más simple de bicicleta si exceptuamos los pioneros velocípedos.

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