lunes, 26 de noviembre de 2012

«Spanglish» (José María Carrascal)



Escribí por primera vez sobre el «spanglish» hace la friolera de veinte años. Entonces era una curiosidad, casi un chiste. Hoy es un medio idioma, o un idioma doble, que se derrama por la vida norteamericana con el vigor de la leche hervida no retirada a tiempo. El «spanglish» nace en los barrios de las ciudades norteamericanas y entre una población muy especial: los jóvenes de la segunda generación, que en casa hablan español y en la calle, inglés, sin llegar a dominar correctamente un idioma ni el otro. Les falta sobre todo mucho vocabulario de su lengua materna, y cuando no saben cómo decir algo en español, ¿qué hacen? Pues lo más simple: apropiarse del término inglés y españolizarlo. Surge así un idioma híbrido, que resulta a la vez gracioso y sacrílego. La enfermera se convierte en «nursa» (nurse en inglés), el techo, en «rufo» (roof), la adolescente, en «tinajera» (teenager), y el atracador, en «jalopero» (de hold up, atracar).
En algunos casos, el trasvase produce efectos hilarantes. Por ejemplo, cuando se oye: «Voy a vacunar la carpeta». Nada que ver con Medicina. Se trata, simplemente, de dar una pasada a la alfombra (carpet) con la aspiradora (vacuum cleaner). Pero lo que empezó como un simple recurso de chicos con un vocabulario español muy pobre, que completaban entrando a saco en el inglés, se ha ido extendiendo e incluso poniendo de moda en los programas ligeros de radio y televisión, comedias y entrevistas, alcanzando al público general norteamericano. Por no hablar ya de la publicidad, siempre proclive a forzar el lenguaje para lograr el mayor efecto posible. Suena a español, pero es inglés con otra ortografía, pronunciación y final de palabra, que se castellaniza. El producto no es ni una cosa ni otra, sino la corrupción de ambas lenguas.
Hay quien ha querido ver en ello un fenómeno parecido al del latín vulgar en el medievo, que derivó en las lenguas romances. Los expertos advierten que nada tiene que ver una cosa con la otra. Aquello fue la evolución natural de una lengua hacia otras completamente nuevas. O sea, un avance. El «spanglish», en cambio, es la tosca amalgama de dos lenguas perfectamente desarrolladas, reducidas a lo más elemental. O sea, un retroceso. La protesta de la comunidad intelectual ha sido tan amplia como sonora. El profesor González Echevarría, que lleva la cátedra de Literatura Comparada en la Universidad de Yale, sentencia rotundamente en el «New York Times» que el «spanglish» es una capitulación tanto personal como cultural, pues da a entender que el español no tiene términos suficientes para expresar la realidad diaria, y tuviera que pedírselos prestados al inglés. Quienes lo usan se automarginan de ambas culturas, ya que no son capaces de expresarse propiamente en cualquiera de ellas.
Yo voy más lejos y atribuyo la aparición de este semiidioma a la llamada «educación bilingüe» que ha pretendido darse a los niños hispanos en Estados Unidos, y que debido a su pésima calidad, los ha hecho analfabetos de hecho en ambos idiomas. No han aprendido bien el inglés y no han salido del español elemental que aprendieron malamente de sus padres, quedándose en una tierra de nadie, sin ser capaces de expresarse correctamente en ninguna de las dos lenguas. Ese es el «spanglish».
Las consecuencias van mucho más allá del terreno cultural, para adentrarse en el social y económico. Mientras no dominen el inglés, los hispanos en Estados Unidos no avanzarán en la escala social, por elevado que sea su número. El «spanglish», con toda su gracia, es un callejón sin salida: Ni siquiera les servirá si quieren alcanzar un puesto de responsabilidad en firmas hispanas, pues allí se les exigirá un español correcto. O dicho de otro modo: la mejor forma de conservar un español correcto es aprender un inglés correcto también. El mejunje de ambas lenguas no ayuda a la una, a la otra, ni, a la postre, a quien lo chapurree, por muy de moda que esté en televisión USA.

3 comentarios:

El último que apague la luz dijo...

Estimado Xenofyl:

Muchas gracias por su comentario, sobre el cual quisiera informarle de lo siguiente:

1. No puedo publicarlo, ciñéndome a la tercera condición, puesto que contiene faltas de ortografía y gramática ("debería de llamarse" en lugar de "debería llamarse", "EEUU" en vez de "EE. UU.", ausencia de tilde en "TAMBIEN", etc.)

2. Tampoco puedo (o debo) cambiar el título de artículo, ya que no soy yo su autor, sino D. José María Carrascal.

Un saludo.

Xenofyl dijo...

Hola:
Disculpe Usted las “faltas de ortografía“, que técnicamente no son faltas sino olvidos pero en el teclado que estaba usando se me complicaba un poco poner acentos. Sin embargo tiene Usted razón, hay que ser riguroso; lo que pasa es que tampoco soy locutor nativo del castellano. En fin, de todos modos no me interesa mucho que publique mi comentario, pues iba destinado a Usted. Acabaré esto diciéndole que el hecho de que Usted casi se limite en hablar de la forma sin decir nada sobre el fondo termina de confirmar lo que opinaba de su conocimiento en lingüística general. Sin embargo hay que reconocer que Usted sabe mucho de gramática pues ha logrado detectar mis errores. No obstante, me parece bastante gracioso que su único comentario sobre el fondo tenga como meta decir que el artículo no es de Usted, y que Usted sólo repite lo que ha leído sin opinar.
No hay nada más que agregar, ¡que le vaya muy bien!
P.D: espero que esta vez no le haya ofendido con algún error.

El último que apague la luz dijo...

Muy lejos de mi intención queda el ofender a nadie, como parece que ha ocurrido con Vd., pero en su momento decidí establecer estas tres normas para los comentarios (al igual que otras bitácoras o foros tienen las suyas) y estimo coherente cumplirlas. De todos modos, no entiendo la razón por la cual el uso de un teclado u otro pueda dificultar el escribir "EE. UU." y obligue a escribir "EEUU" (por ejemplo).

Aparte de todo lo anterior, si me limito a hablar de la forma sin decir nada sobre el fondo es porque es ese el tema que he escogido para esta bitácora. En el mundo hay miles, quizá millones, de páginas de internet, bitácoras, foros, etc. sobre infinidad de temas. Veo muy poco probable que no haya al menos uno que trate la cuestión que a Vd. le interesa del modo que a Vd. le apetece que se lo cuenten. Simplemente, lo que yo escribo no es lo estaba Vd. buscando, pero en mi opinión eso no es razón suficiente para olvidarse de la educación a la hora de escribir su comentario. No ha conseguido ofenderme ni con sus faltas (que no errores) de ortografía y gramática (todo el mundo los comete alguna vez) ni con sus comentarios urticantes, pero está claro que con estos últimos lo ha intentado. Lamento su fracaso.

Un saludo.