domingo, 30 de septiembre de 2012

«Esto fue así toda la vida» y otros tópicos


Vengo de un foro de traductores excelente en el que un colega acaba de llamarme purista por enésima vez. Y digo enésima porque han sido muchas aunque esta no será la última... y de la primera, ni me acuerdo. El adjetivopurista es uno de esos vocablos otrora descriptivos, pero que repetidos ad náuseam por boca o pluma de algunos acaban desvirtuándose y convirtiéndose en una suerte de arma arrojadiza. Igual suerte han corrido otros como radicalnacionalistaespañolliberaltradicionalfuncionario,folclórico..., que lo mismo significan una cosa que su antónima, aunque esto ya es harina de otro costal.
Me llamaba purista, decía, porque yo le recordé que la labor de los traductores es traducir, oficio a veces desagradecido y que consiste en parar los goles en un equipo llamado Los Hispanohablantes. Y que no consiste en ser portero suplente sino en estar en el campo sudando la camiseta y procurándole victorias a nuestro equipo, no metiendo goles sino parándolos.
Aducía mi colega de equipo unos argumentos ya trillados. Decía que como en este partido amistoso el equipo contrario (The English Gang) tenía a cien jugadores en el campo, era en vano resistirse. «Además, lo que la hinchada quiere es goles, aunque sea en propia meta», decía. O algo así.
Y luego salpimentaba su argumento con esas frases lapidarias del tipo «no se puede luchar contra la corriente» o una mejor: «la gente habla como le da la gana y no como queramos nosotros».
Pero se confunde: la gente de la calle no habla como le da la gana. Eso es una gran superchería. La gente de la calle —lamentablemente para lo malo y afortunadamente para lo bueno— habla imitando a periodistas, traductores, redactores, políticos, artistas...
Si un politicastro de mollera esponjosa dice «ciudadanos y ciudadanas»; si el megáfono de una estación de trenes dice que «el tren efectuará su entrada» (es decir, que entrará); si un periodista dice que los motoristas están en la guarmap (warm-up, ‘vuelta de calentamiento’) o si un traductor dice que «el reloj de muñeca tiene un display luminoso» (pantalla), es una solemne tontería decir que esos términos se introdujeron en nuestro idioma con la naturalidad con que otrora lo hicieron los arabismos, galicismos y demás, y que el idioma es una lengua viva, y que el hablante tiene derecho a decir lo que le dé la gana (algo que es cierto) y topicazo tras topicazo... No, señores, no se introdujeron en la lengua, fueroncalzados con palanca por personas con nombre y apellidos. Por personas que, a diferencia de gran parte del público, sí que saben qué significan esas palabras en el otro idioma, por personas que saben decir esas expresiones correctamente, pero no lo hacen, bien por negligencia o bien por afectación.
Los que trabajamos con la cultura y para ella no debemos lanzar pelotas fuera y justificar nuestra dejadez y laxitud con aquello de que el pueblo nos apoya; eso es populismo.
Nuestra obligación es crear textos, información, opinión, arte y cultura en un español correcto para esa mayoría silenciosa de hispanohablantes que no sabe idiomas y que confía en nosotros para hacerlo bien. El gran círculo vicioso aparece cuando nosotros —los que tenemos ascendiente sobre los hablantes— incurrimos en errores, y aquellos, que nos presuponen un mayor conocimiento, nos imitan tomándolos por buenos.

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