sábado, 7 de julio de 2012

A propósito de las duaciones (Bertha Gutiérrez Rodilla)



Desde hace unos meses resulta cada vez más frecuente toparse con voces formadas en nuestra lengua contando con el prefijoideduo-: comenzamos leyendo en todos los periódicos la supernoticia de que un juez obligaba al gigante Microsoft a convertirse enduopolio, es decir, a convertirse en gigante con dos cabezas, para que después Amena nos haya bombardeado día a día con la posibilidad de duarnos, que es la forma moderna de sustituir al cura, al juez o al alcalde por un par de teléfonos móviles para ligarnos a una persona querida ad aeternitate.
A pesar de que en latín duo es dos, nunca se ha utilizado en español esta forma para construir nuevas palabras que contengan este significado. Si Alfonso X en su General Estoria nos dice «ayuntando estas dos palabras: bis gamos, compusieron ende los sabios este nombre bigamo; onde quiere dezir bigamia tanto comun varon aver dos mugeres»; el Marqués de Villena en sus «Glosas» a la Eneida no decía en serio que Diana era «casi duana, porque dos vezes luze», ya que no estaba formando una palabra, sino haciendo una etimología que no se sostiene por ningún lado. Lo que utilizamos nosotros es bi- (procedente del latín) o di- (del griego), tanto en el lenguaje común como en el especializado, de manera que es posible encontrar en nuestros diccionarios montones de ejemplos construidos con estos elementos: bicorne, bípedo, biaural, biaxial, dícroto, dimorfo, disílabo, dítono...
Duo, sin embargo, en el inglés común tiene una mayor frecuencia de uso que en nuestra lengua, no sólo como sustantivo, duo, con el significado de ‘pareja’, sino también como elemento compositivo similar a bi- y di-: duotone, duologue, duotype... Y, si en sus lenguajes especializados de mayor solera, como puede ser el de la medicina, han respetado los elementos bi- y di- para acuñar tecnicismos, en otros de creación más reciente no han tenido inconveniente en utilizar duo-, como en el caso de la electricidad (duodiode o duotriode) o en el de la economía (duopoly oduopsony). Al fin y al cabo tanto les da recurrir a unos elementos como a otros cuando todos le son igual de extraños a una lengua en origen poco emparentada con el latín o el griego. Lo que no es, desde luego, el caso de la nuestra.
Ya es difícil de justificar introducir sin más en español duopolio oduopsonio, pero es toda una osadía formar un verbo como duarsea partir de un prefijo o prefijoide inexistente —aun cuando existiendo, formar verbos a partir de prefijos, no es tampoco lo más frecuente—. Quienes lo han hecho no han tenido otro apoyo que «cantar a dúo», única forma atestiguada en el DRAE: un tecnicismo de la música que, como tantos otros del mismo dominio, nos llegó desde el italiano. Y en este restringido ámbito musical ha permanecido recluido durante mucho tiempo hasta que la economía y la televisión —éstas sí que mueven montañas— han decidido darle alas y llevarlo hasta el último rincón donde se pueda tener cobertura.

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