lunes, 12 de marzo de 2012

Estato


Por si no fuera suficiente con que, como dice Xosé Castro, «el término “status” se pusiera un nuevo nombre (“estatus”) en su pasaporte español recién estrenado» y que «poco a poco haya arrinconando a vocablos como “condición social o económica”, “posición”, “rango”, “categoría”, “jerarquía”, “situación” o “estado”», después llegaron los garrulos del espanglish y se empeñaron en convertirlo en “estato”. Es irónico que, tratándose de una palabra que se escribe casi igual en castellano que en inglés, todavía haya quien se empeña en buscarle tres pies al gato. Mirándolo por el lado bueno, el ejemplo nos sirve para constatar la arbitrariedad y falta de homogeneidad del espanglish, puesto que según quién lo escriba podemos encontrar la versión anglosajona o la “espanglesa”.


Además de todo lo anterior, los mundos del motor y del lujo, tan propensos a la ostentosidad y la grandilocuencia, son también una inagotable fuente de deformaciones absurdas de nuestra lengua. Así, por ejemplo, en la publicidad de un concesionario, entre una verdadera selva de jerga vacía de contenido, nos aseguran que el aspecto de su vehículo es “estatutario”. Si bien se adivina que su intención es dar a entender que quien se encuentre al volante de este coche va a sentir (de manera ilusoria) que aumenta su “categoría”, un breve vistazo al diccionario nos desvela que “estatutario” no viene de “estatus”, sino de “estatuto”, y quiere decir ‘estipulado en los estatutos’ o ‘referente a los estatutos’, luego su aplicación al aspecto de un vehículo se antoja bastante rebuscada.

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