miércoles, 25 de enero de 2012

Oprima la tecla, MEMO (Xosé Castro Roig)

 

Entre los préstamos innecesarios tomados del inglés figura un gran número de falsos latinismos que muchos hablantes, sin saberlo, creen estar empleando como propios de nuestra lengua o, al menos, como menos foráneos que otros de aspecto más anglicado y pronunciación más compleja.
En España es frecuente ver el término “versus” tomado del inglés (y, lo que es peor, su abreviatura inglesa “vs.”) para sustituir la preposición “contra”, como en “Manchester vs. Leeds” o “Tyson vs. Holyfield”, por ejemplo.
También hemos visto cómo el término “status” entró hasta la cocina sin llamar casi a la puerta, se aferró a un taburete y se puso un nuevo nombre (“estatus”) en su pasaporte español recién estrenado. Poco a poco —ya fornido por el condumio español— ha arrinconando a vocablos como “condición social o económica”, “posición”, “rango”, “categoría”, “jerarquía”, “situación”, “estado”…
Y para rematar con esta lista de anglicismos pertrechados de clámide y coturnos, les recordaré un caso que, de lamentable, resulta hasta cómico. Uno de mis primeros teléfonos inalámbricos tenía un botón que permitía grabar unos cuantos segundos de la conversación telefónica. Cuando leí el manual de instrucciones (eso que los traductores seguimos mal llamando “guía del usuario”), me topé con la siguiente frase:
1. Para grabar una conversación, oprima la tecla, MEMO.
No sabía si el manual me insultaba o me había confundido de renglón. Nada de eso: la tecla de grabación de mi teléfono se llamaba “MEMO”, abreviación de la palabra inglesa “memorandum” (‘nota, circular, apunte’), también integrante de la expresión “memo pad” (‘cuaderno de notas’). Para colmo, esa coma mal puesta (¿chanza del traductor, quizá?) hurgaba más en la llaga de una mala adaptación.
En posteriores ocasiones me he ido encontrando con programas y aparatos informáticos que incorporaban alguna función (“Memo feature”) para la redacción de notas o circulares (y no “memorandos”, pues este vocablo español no significa lo mismo que su falso amigo inglés “memorandum”), y en más de una ocasión me he visto convenciendo al cliente de que aquello no podía dejarse como “memo” en la traducción para España porque resultaría asombroso para el lector.
No obstante, como en tantas otras ocasiones, unos compatriotas, los encargados de vender el producto en cuestión en España, echaron por tierra mi argumentación lingüística y traductora con un simple «bah, pero todo el mundo sabe que un “memo” es una “nota”». Un argumento tan aplastante que se aplasta a sí mismo…

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