martes, 7 de septiembre de 2010

El “chiste verde” y el “muslamen”, ya forman parte de la RAE.

La Vanguardia, 30 de julio de 2010.


El Diccionario de la Real Academia Española incorpora novedades como “obrón”, “jet lag”, “oenegé”, “sobao” o “antiestrés”.
Reflejar con la mayor rapidez posible la lengua que se habla en la calle, fruto de los cambios sociales, políticos o tecnológicos. En ese empeño están las veintidós Academias de la Lengua Española, que trabajan para incorporar las continuas novedades del lenguaje. Ahí están voces como “libro electrónico”, “jet lag”, “oenegé”, “antiestrés” o “ambientalista”, recién aprobadas. Estas y muchas otras se sumaron ayer a la página web del diccionario, como resultado de las casi 3.000 enmiendas y adiciones consensuadas en los últimos tres años por dichos centros.
Hay un poco de todo en la amplia relación de nuevos vocablos. En el ámbito político, se admiten las palabras “abertzale” (así, con su grafía en euskera, en lugar de la anterior entrada “aberzale”) o “antiespañolismo” y “antiespañol”, bastante esgrimidas últimamente en determinados foros. O también “alcaldable” y el coloquial “rojillo”, una persona con “tendencias políticas más bien de izquierdas”. En el terreno ecológico, se incorporan la “sostenibilidad” y el adjetivo “ambientalista”, aplicado a quien “se preocupa por la calidad y la protección del medio ambiente”.
Palabras todas ellas que «demuestran la viveza del idioma», según el secretario de la RAE, Darío Villanueva, en declaraciones a Efe. Como “jet lag” (locución admitida así en inglés) o “libro electrónico” (“dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros” y “libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo o en la pantalla de un ordenador”), solución que la RAE prefiere a la castellanización de e-book (por la que opta el diccionario María Moliner).
Aunque la crisis económica, con sus duros y complejos efectos, nos ha familiarizado con algunos inquietantes neologismos, que tardarán en subirse al diccionario, sí tenemos el nuevo vocablo “anticrisis”, idóneo para las medidas que los gobiernos están adoptando. O bien términos como “bonus”, “bróker”, “acción de oro”, “ahorro forzoso” o “base monetaria”.
Los académicos han dado también luz verde a vocablos coloquiales muy populares, como el “muslamen” (tan frecuente en los chistes de Forges), que por cierto en casos de crecimiento exagerado la RAE permite ya combatir con productos “anticelulíticos”. O también el “curalotodo” (referido a medicinas válidas para cualquier dolencia) o “meloncete” (aplicado a un chico poco avispado). Otro coloquialismo admitido es “cultureta”, que no es el término catalán acuñado hace años con buena fortuna por Joan de Sagarra, sino un vocablo despectivo que define a una “persona pretendidamente culta”. Y cuando tengamos que referirnos a una obra de gran envergadura podremos desde ahora utilizar la palabra “obrón”.
Ya podemos explicar algún “chiste verde” con toda propiedad (los “de contenido erótico”), comunicarnos por “teleconferencia”, ser “abducidos” (en una película de ciencia ficción, por “una supuesta criatura extraterrestre” o, en el ámbito literario, por una buena novela).
El mundo de la cultura cuenta con incorporaciones como “art déco” y “art Nouveau”, escritas así, con sus grafías originales francesas; “propiedad intelectual”, “novela social”, o también por ejemplo el adjetivo “buñueliano”, por el que prometió luchar el cineasta José Luis Borau cuando ingresó en la Academia. El tristemente célebre “tsunami” (“ola gigantesca producida por un seísmo o una erupción volcánica en el fondo del mar”) ya puede utilizarse con propiedad. Al igual que “espray”, “sobao”, “festivalero”, “grafitero” y “homófono”.
El secretario de la RAE confirma que la edición electrónica del diccionario, que ya va por su vigésima segunda edición, recibe cada día un millón de consultas. Según Villanueva, este elevado interés obliga a las Academias de la lengua española a estar «en el tajo siempre, haciendo aportes continuos para seguir el ritmo de la sociedad y del idioma». Las nuevas incorporaciones se suman a las ya realizadas en los años 2004 (2.576), 2005 (9.029) y 2007 (4.618). Todas ellas formarán parte de la próxima edición impresa del DRAE, la vigésima tercera, prevista para el año 2013. No obstante, el proceso de actualización del diccionario es continuo y sigue abierto.

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