martes, 1 de septiembre de 2009

Agresivo


Acabo de recibir una llamada de una entidad bancaria que me ha puesto los pelos de punta y me ha hecho colgar de inmediato: una de las razones por las que consideraban que debería poner mi dinero en sus manos era que se trataba de un “banco muy agresivo”. Mal asunto. Mientras que en castellano el adjetivo “agresivo” (“ofensor”, “mortificante”, “atacante”, “estridente”, “hiriente”) define a aquella persona o animal que tiende a la violencia, a quien es propenso a faltar al respeto u ofender a los demás, y a cualquier cosa que implica provocación o ataque, el inglés “aggressive” (/ə'gresɪv/), además de esa connotación de “violento” (importante síntoma de desequilibrio e inadaptación del ser a su medio), también tiene otra algo diferente, caracterizada por una gran energía, ambición o capacidad de iniciativa, y lo que resulta de tales cualidades (“atrevido”, “dinámico”, “enérgico”, “emprendedor”, “resuelto”, “insistente”, “intenso”, “activo”, “audaz”). De ahí que se hayan popularizado expresiones como “vendedor agresivo” (quien vende más que nadie), “campaña de publicidad agresiva” (penetrante, incisiva, descarada, escandalosa) o “ejecutivo agresivo” (enérgico, activo, dinámico). Mal síntoma que este adjetivo haya terminado por recibir tal reconocimiento: indicio de que la agresividad toma carta de naturaleza en las relaciones humanas, no sólo sin aprensiones, sino incluso con mérito; allá ellos.

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