jueves, 15 de julio de 2021

Trol

Adaptación gráfica de la voz noruega “troll” (ser sobrenatural) para referirse al ‘Monstruo maligno de la mitología escandinava que habita en bosques o grutas’ (carácter maligno coincidente con el que se atribuye a los “troles” cibernéticos, que suelen representarse gráficamente con la imagen de esas criaturas). Aunque en el uso está extendida la forma “trols”, de acuerdo con las reglas de pluralización españolas debería ser “troles”.

Hoy en día, salvo para los aficionados a las sagas de El señor de los anillos, Harry Potter, Artemis Fowl, etc., un “trol” es una ‘Persona que se introduce en redes sociales, bitácoras y foros de internet con el único objetivo de crear controversia, buscando provocar y molestar intencionadamente a los usuarios o lectores con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí’; es decir, que en castellano podríamos denominarlo “provocador”, “cizañero”, “alborotador”, “polemista” e incluso “tábano” o “guindilla” en términos más populares. En este caso, su origen etimológico no es nórdico, sino anglosajón, ya que “troll” (/trəʊl/) en inglés significa también “pesca al curricán” (arrastre de aparejo) y, por extensión ‘Servir como señuelo para atraer la atención de alguien’.

En la Fundéu nos explican la evolución del término hasta llegar a su actual significado: En los albores de los foros electrónicos y los grupos de noticias, algunos veteranos se mofaban de los novatos —que hacían preguntas ya resueltas anteriormente— enviando un mensaje a la lista, en apariencia cándido, en el que preguntaban algo obvio, para que los más osados respondieran y criticaran su supuesta ignorancia. En poco tiempo, el término empezó a hacer referencia a la persona osada que critica o reprende con ligereza (es decir, el que respondía al “trolling [for newbies]” o “pesca [de novatos]) y, al poco, pasó a denominar, en general, a una persona que molesta, insulta o demuestra una manifiesta negatividad dentro de un foro en internet.

Este “trolling” también tiene su adaptación al español en las formas “troleo” (‘Acción y efecto de trolear’) y “trolear” (‘En foros de internet y redes sociales, publicar mensajes provocativos, ofensivos o fuera de lugar con el fin de boicotear algo o a alguien, o entorpecer la conversación’; ‘Burlarse de alguien gastándole una broma, generalmente pesada’; ‘Acción y al efecto de intervenir en un foro digital con el objetivo de generar polémica, ofender y provocar de modo malintencionado a los demás usuarios, a menudo enviando multitud de mensajes que pretenden captar la atención e impedir el intercambio o desarrollo habitual de dicho foro’).

Como indica la Fundéu, también se documentan usos con significados próximos como ‘molestar, cansar o enfadar’ y, especialmente, ‘tomar el pelo, vacilar o gastar una broma, por lo general pesada’ y cabe recordar que el verbo “trolear” tiene en otros países de habla hispana significados diferentes como ‘castigar a alguien con ejercicios físicos extenuantes’ o ‘derrotar con contundencia a un oponente en una competición deportiva’ (Honduras), ‘realizar un paseo o recorrido largo a pie’ (Costa Rica), etc.

viernes, 25 de junio de 2021

Newbie (/ˈnjuːbɪ/)


El diccionario Clave define este anglicismo del mundo de la informática como ‘Persona novata o inexperta en el manejo de internet’, con origen en el inglés “new boy”, y María del Carmen Ugarte García, en uno de sus estupendos artículos de El Trujamán, propone traducirlo como “[ciber]novato” o “pardillo”, mientras que Daniel Gallego Hernández, de la Universidad de Alicante, considera que es una combinación de la base léxica “new” con “Bachelor of Industrial Engineering”.

La Wikipedia, que añade las variantes “noob”, “n00b”, “newby” y “newbee”, lo define como ‘Usuario dentro de un servidor, comúnmente principiante o inexperto en cualquier profesión o actividad cibernética como el hacking’; puede derivar de la palabra anglosajona “newie” (cuyos usos más antiguos datan de la jerga de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos a finales del siglo xx con el significado de ‘Neófito en un lugar o una situación’ como jerga para dar la bienvenida a un nuevo soldado) o de la jerga británica “new boy” o “new blood”.

viernes, 18 de junio de 2021

Phishing (/fɪˈʃɪŋ/)

Acrónimo de “Password Harvesting Fishing” (cosecha y pesca de contraseñas), creado por similitud con “fishing” (por alusión al intento de lograr que los incautos «muerdan el anzuelo»), que designa la técnica fraudulenta en Internet consistente en hacer creer a una persona que se encuentra en un sitio seguro, en el que puede introducir sus datos y contraseñas, cuando realmente está en una página duplicada y todos los datos irán a parar a manos del “phisher”, que se dedica a captar ilegalmente datos privados de los clientes (nombres de acceso a cuentas, palabras clave o datos de las tarjetas de crédito).

El Diccionario Clave lo define como ‘En Internet, suplantación de la identidad de un individuo o de una entidad con el objetivo de conseguir datos confidenciales para usarlos de manera fraudulenta’ y el manual de estilo de la Fundéu recomienda sustituir este anglicismo por “delito informático”, “mensaje electrónico fraudulento”, “ciberestafa” o “fraude por internet”.

También existe la impronunciable variante “smshing”, que es básicamente lo mismo, pero vía SMS, además de la alternativa “pshishing”.

Relacionado con todo lo anterior tenemos también el “carding” (/kär′ding/) o ‘Robo de datos de tarjetas de crédito para su posterior venta y uso fraudulento’ y el “carder”, ‘Persona que maneja la información y las herramientas necesarias para robar dinero de tarjetas de crédito ajenas’, aunque también se utilizan para designar robos informáticos o tecnológicos en general (por ejemplo, “carded iPhones” son iPhones robados).

martes, 1 de junio de 2021

Conoce más


Absurdo calco de la típica coletilla de las páginas de Internet “Visit […] to learn more”, que también suele traducirse erróneamente como «[para] aprender más» o «[para] conocer más», o de la versión abreviada “learn/know more”, que se convierte en «saber más» o «sepa más». Sería más sencillo e idiomático «para [obtener] más información» o, mejor aún, «para conocer más detalles», «más información en […]» o «más información [aquí]».


Un caso parecido sería el «leer más» derivado de “read more” (en lugar de simplemente «seguir/sigue/siga leyendo»), que hasta puede sonar a reproche.

viernes, 30 de abril de 2021

Sándwich


Tan común que hasta aparece españolizada con tilde en el DLE y tan innecesario que la propia definición de la RAE ya nos da su equivalente en castellano (‘Emparedado hecho con dos rebanadas de pan de molde entre las que se coloca jamón, queso, embutido, vegetales u otros alimentos’); también hay quien lo traduce por “bocadillo”, aunque no sea exactamente lo mismo. El DPD lo define como ‘Conjunto de dos o más rebanadas de pan, normalmente de molde, entre las que se ponen distintos alimentos’.

El Diccionario de americanismos recoge desde 2010 la forma “sánduche”, con sus variantes “sanduche”, “sánguche”, “sanguche” (además de “sanduchitos”, como en la divertida novela Recursos humanos, de Antonio García Ángel), todas ellas desaconsejadas en favor de la unidad por el DPD, que las considera más propias de registros coloquiales.

Además, el Diccionario Clave incluye las variantes “sánduich” y “sanduiche”, pero ni este ni ninguno de los anteriores recogen la opción “séndwich” del Diario Sur.

En realidad se trata del epónimo de su supuesto inventor, John Montagu, cuarto conde de Sandwich que, además de dar nombre como almirante a unas islas del Pacífico (en 1778, el capitán James Cook fundó con el nombre de Islas Sandwich del Sur el territorio británico de ultramar hoy denominado Islas Georgias del Sur y Sandwich del Sur) y a una ciudad inglesa del condado de Kent (el topónimo significa más o menos ‘Ciudad con mercado edificada sobre un suelo arenoso’), era tan aficionado a las cartas que se le ocurrió esta solución gastronómica para poder comer sin tener que abandonar una partida, costumbre que se fue extendiendo con la denominación «comer como Sandwich» y, más tarde, ya convertido en epónimo, «comer sándwich».

Según el Oxford English Dictionary, la primera mención escrita se dio en 1770 la crónica de viajes Londres, del escritor francés Pierre-Jean Grosley, sobre un viaje a la capital británica en 1765.

viernes, 9 de abril de 2021

Otros palabros (LVII): maquiladora


Vocablo utilizado en Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, etc. para designar el ‘Trabajo de manufactura [textil] parcial realizado por encargo de una empresa’ propio de las “zonas de procesamiento para la exportación” (ZPE) —del inglés “export processing zone” (EPZ)—, empresas que, bajo los auspicios de los EE. UU. y en busca de mano de obra barata, aparecieron en los años sesenta y setenta en Hispanoamérica para instalar sus plantas ensambladoras en estas zonas francas y posteriormente importar los materiales (aviones, automóviles, ropa, calzado, juguetes o aparatos electrónicos) sin pagar aranceles.

Según Wikipedia, «Una maquiladora es una empresa cuyos productos, que importa sin pagar aranceles, se comercializan en el país de origen de la materia prima. La mayoría de estas fábricas están situadas en ciudades mexicanas de la frontera con los Estados Unidos, principalmente Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez, Reynosa y Heroica Nogales. Estas empresas deben trabajar bajo el programa de maquila, en virtud del cual todos los productos deben volver a su país de origen. El establecimiento del decreto de maquila iniciado en el año 1965 se debió en gran parte al fin del Programa Bracero, instituido durante la Segunda Guerra Mundial con la intención de que extranjeros afines a la política de los Estados Unidos suplieran los brazos de los ciudadanos estadounidenses que partieron al frente de guerra, lo que permitió que trabajadores agrícolas mexicanos encontraran trabajo temporal en los Estados Unidos».

El diccionario Sensagent nos da una definición más detallada de la realidad de esta actividad: ‘Hacer para una fábrica, generalmente en pequeños talleres, aquellas partes del proceso de producción de una mercancía que requieren un trabajo manual o unitario, como el ensamblado de algunas piezas de aparatos electrónicos, la hechura de ojales y el pegado de botones en la confección de ropa, etc.’, ‘Llevar a cabo para el dueño de un terreno agrícola trabajos relacionados con el cultivo, como la preparación de la tierra, la siembra, etc.’.

Aunque el término “maquiladora” se originó en México, deriva de la palabra “maquila” (‘Porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda’), que en el medioevo español describía un sistema de moler el trigo en molino ajeno, pagando al molinero con parte de la harina obtenida; a su vez, “maquila” proviene del árabe hispánico “makíla”, y este del árabe clásico “makīlah” (‘Cosa medida’), de la raíz árabe “k-y-l”, ‘Medir’.

De “maquila” se forma también el verbo “maquilar” cuya acepción castellana, según el DLE, es ‘Dicho de un molinero: Medir y cobrar la maquila’; existe asimismo la mexicana (también propia de Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras) ‘Importar materias primas, tratarlas y exportarlas’ y la derivación “maquilero”: ‘Dicho de un molino: Que funciona cobrando maquila’, ‘Persona encargada de cobrar la maquila’.

Como indican en las páginas De Chile e Hispanoteca, el contrato de “maquila” fue una figura introducida en España por los árabes (la palabra está documentada en castellano ya en el 1020): los molineros, normalmente señores feudales, exigían a los campesinos la “maquila” (una porción de grano, harina, azúcar o aceite) como contraprestación por moler su trigo, caña o aceituna; también se aplicaba en otros servicios prestados en las instalaciones del señor: horno para la cocción de pan, fragua para sus aperos de labranza, fabricación de cerveza, etc. Al igual que en el caso de las actuales plantas ensambladoras, el vocablo hace referencia a una actividad productiva en la que el productor no es propietario de las materias primas usadas en el proceso, la producción se lleva a cabo por cuenta y riesgo ajeno y se cobra una comisión fija por el trabajo. De ahí se formaron las palabras “maquilar” (‘medir y cobrar la maquila’), “maquilero” (‘molino donde cobran maquila’) y “maquilón” (‘molinero que cobra la maquila’).

Dos siglos más tarde, como nos explica D. Jaime García-Pelayo Gross en los foros del Centro Virtual Cervantes, aparece mencionada la actividad de “maquilar” en el cantar del Mío Cid (versos 3373 a 3381), utilizada por Asur Gonçalez para ofender a la persona del Cid por la molienda de los granos en los molinos de su propiedad:

Asur Gonçalez | entrava por el palaçio manto armiño | e un brial rastrando; vermejo viene, | ca era almorzado; en lo que fabio | avie poco recabdo: «¡Hya varones! | ¿Quien vio nunca tal mal? Quien nos darie nuevas | de mio Çid el de Bivar! ¡Fuesse a Rio d'Orvina | los molinos picar e prender maquilas | commo lo suele far! ¿Quil darie | con los de Carrion a casar?»

viernes, 19 de febrero de 2021

Jobbie / Jobby (/ˈdʒɔbi/)


Aunque sus usos más habituales equivalen a “heces” o “trozo de excremento” (sobre todo en el inglés de Escocia) y a “objeto o producto de características determinadas”, podríamos decir que su acepción secundaria (y no circunscrita a ningún dialecto) se corresponde con “encargo remunerado a manera de asignación más que como empleo”, con posibles traducciones como “bolo”, “trabajín” o “curreli”.

Parece evidente, tanto por el formato como por la sintaxis o el vocabulario, que el anuncio de la imagen puede referirse tanto a esta última acepción como a la variante escocesa. Llaman especialmente la atención el sospechoso uso de las comillas, el anglicado abuso de las mayúsculas, la aleatoria colocación de las tildes (ahora la pongo en “traducción”, luego la quito en “realizaras”, después la vuelvo a colocar en “atención”…) y de los símbolos de moneda (ahora con espacio, ahora sin él, eso sí, siempre antes del número), los calcos como “relacionadas a” o “levantamiento de reportes”, el tuteo, etc.

En resumidas cuentas, la considero una oferta de trabajo muy recomendable para mis colegas traductores, siempre que les inspire que su empleador solicite «gusto por la traducción» para después dedicarse a labores que nada tienen que ver con esta. Todo parece muy fiable y nada turbio.